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KARLOVY VARY 2019 Competición Documentales

Crítica: Immortal

por 

- La rusa Kesnia Okhapkina debuta en el largo con este documental estonio y letón rodado en un antiguo gulag en el círculo ártico ruso

Crítica: Immortal

El pueblo de Apatity, en el remoto noroeste de Rusia, específicamente en la región de Murmansk, solía ser un gulag. Al igual que en otros lugares similares, como nos informan los títulos narrativos al comienzo de Immortal [+lee también:
tráiler
entrevista: Ksenia Okhapkina
ficha del filme
]
, mucha gente seguía viviendo aquí cuando el viejo sistema fue desmantelado. En su debut en el largo, que se proyecta en la Competición de Documentales del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, la cineasta rusa Ksenia Okhapkina adopta un enfoque visualmente asombroso y definitivamente cinematográfico hacia los temas del adoctrinamiento, la ideología, los sistemas opresores y la imperceptible ausencia de libertad.

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La cinta tiene un marcado tono distópico de ciencia ficción, con su ambientación nevada y sobrenatural de montaña y los tonos predominantemente grises y plata de trenes mineros y edificios de la era comunista. Ello queda realzado por el enfoque plenamente observacional y el montaje fluido, con abundantes planos largos, ya sea con un paneado lento y trávelin o una cámara fija.

Esta distancia que Okhapkina establece también implica que no hay personajes reales. En vez de eso, observamos un sistema en funcionamiento. Mientras que los adultos —que principalmente trabajan en la mina local, excavando un mineral llamado apatita— malgastan el tiempo libre deambulando y bebiendo, los niños se someten al adoctrinamiento y aprenden disciplina participando en la escuela de ballet o en la "Youngarmy". Pero este sometimiento no se percibe en el film; más bien, el espectador lo detecta racionalmente, observando cómo entrenan las chicas y cómo aprenden a manejar armas los chicos; ambos grupos tienen que escuchar órdenes constantemente.

El sistema es traicionero: está muy presente la idea de la inmortalidad en la mentalidad de grupo que se construyó en la URSS, que hace poco pudimos ver en la maravillosa serie de HBO Chernobyl. La Rusia actual ha perpetuado esta ideología de que, siendo un miembro útil de una nación y estado poderoso, uno alcanza un lugar más elevado y eterno en una especie de jerarquía imaginaria de la humanidad. Nutriendo a los niños pequeños —las chicas y chicos de la película tienen 12 años, como mucho— con este tipo de adoctrinamiento, defendiendo al mismo tiempo valores positivos como la salud, el deporte y las capacidades físicas, el estado crea una población que será leal durante generaciones.

La cinta, que está estructurada con mucha claridad (pureza, casi), culmina en la fiesta del Día de los Héroes de la Patria, en la que los niños harán un espectáculo al estilo de los desfiles militares que tan comunes fueron durante la Unión Soviética, y que todavía gustan en Rusia. La cinta no intenta explicar el origen del sistema, ni tampoco trata de observar las posibles diferencias entre el uso consciente e inconsciente de la propaganda, o sus resultados: solo expone uno de los elementos clave impuestos por el estado en la sociedad rusa.

En cualquier caso, no hay espacio para la teorización y la filosofía en una película que es eminentemente visual en su expresión. Fácilmente se podría hacer otro film que explorara los matices de los temas que Immortal se limita a presentar de forma convincente. Pero para mejor o peor, la obra logra lo que se propone, y de forma muy convincente.

Immortal es una coproducción de la compañía estonia OU Vesilind y la letona VFS Films. Todavía no cuenta con agente de ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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