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GALWAY 2019

Crítica: La Rivoluzione

por 

- El primer largometraje del napolitano Joseph Troia es una película valiente y original, con actuaciones convincentes, escritura hermética y una dirección atenta

Crítica: La Rivoluzione

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, el primer largometraje del joven director Joseph Troia, creado en el laboratorio cinematográfico de la Accademia di Belle Arti de Nápoles —dirigida por Stefano Incerti (Gorbaciof, The Man of Glass)— tuvo lugar en el Galway Film Fleadh. La película sigue los altibajos de un grupo de tres universitarios de 25 años de Nápoles: Raffaele (Vittorio Nastri), Ludovica (Giulia Schiavo) y Tommaso (Paolo Marco Caterino).

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Unidos por sus ideales de extrema izquierda y la nostalgia que sienten por las protestas estudiantiles de 1968 y 1977, este grupo de amigos-amantes tomarán el peligroso camino de la lucha armada, que para ellos es el único medio posible para conseguir la “revolución” que desean y poner fin a las injusticias que han destruido el país desde la época fascista. Sin embargo, durante el primer acto violento que llevan a cabo, las cosas dan un giro inesperado, que lleva a los amigos a replantearse sus ideales y su propio concepto de justicia.

La buena calidad de la película podría atribuirse a tres factores principales: actuaciones excelentes, una dirección atenta a todos los detalles y diálogos llenos de tensión que nunca dejan de sorprender. Las interpretaciones de los tres actores principales son convincentes y el resultado de un gran trabajo en equipo. Hasta en las escenas más íntimas —que son muchas, ya que los tres desempeñan un papel importante en la trama y son grabados con gran sensibilidad—, Nastri, Schiavo y Caterino siempre resultan creíbles, transmiten el espíritu de sus personajes bohemios y atemporales con aplomo; personajes que, por una parte, admiramos por su deseo sincero de cambio, pero que también despreciamos por su peligrosa obstinación. En efecto, estos tres personajes representan a tres revolucionarios muy diferentes: uno de clase trabajadora que es víctima directa de los abusos de los poderosos y que se guía por un deseo de venganza y redención; otro de clase media que ansía un cambio real pero no le convencen la violencia ni las armas; y, por último pero no menos importante, uno que es más visceral, más físico, y que claramente está más interesado en las oportunidades poliamorosas que estas acciones pueden acarrear.

No hay muchas referencias explícitas a la situación política actual de Italia, a pesar de su potencial para presentar varios enemigos de esta “revolución”. Pero es una elección consciente del director para asegurarse de que el espectador se centra en la historia principal, la de tres jóvenes que persiguen una peligrosa utopía y que luchan por vivir en el mundo moderno, con todas sus contradicciones y desigualdades.

La dirección y el guión de Troia sobresalen por varias razones: por las interesantes elecciones que hace en el aspecto visual de la película (en particular, la escena donde los tres personajes conversan en la bañera), por la inclusión de varias —y siempre relevantes— referencias a obras e intelectuales que han influenciado, para bien o para mal, las acciones de los tres personajes (por ejemplo, en una escena podemos ver un fragmento de La clase obrera va al paraíso, de Petri, de fondo; y también nombran a grandes autores como Sartre, Pasolini o Gramsci); y por el peso de la voz en off de Ludovica, que no sólo narra la película, sino que también expresa juicios y pensamientos crudos sobre lo que el grupo va a hacer y su experiencia en acciones políticas.

En resumen, la película supone un debut muy prometedor para un director que, a pesar de su juventud, ha desarrollado claramente un conocimiento profundo de la película y del oficio de actuar. Con pocos recursos, ha logrado imprimir su sello personal en su trabajo y ha escrito y una historia valiente (y a veces, incómoda y perturbadora) que capta la atención del espectador desde el principio hasta el final; algo poco frecuente en el cine emergente italiano.

La Rivoluzione ha sido producida por Stefano Incerti en representación de la Accademia di Belle Arti di Napoli. La compañía romana TVCO gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del italiano)

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