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ODESA 2019

Crítica: Beanpole

por 

- El segundo film del genial Kantemir Balagov es un logrado drama de posguerra ambientado en el Leningrado de 1945

Crítica: Beanpole
Viktoria Miroshnichenko en Beanpole

La más brillante estrella emergente de un cine nacional con superávit de estrellas emergentes, el director ruso de 28 años Kantemir Balagov, continúa su filmografía tras su sólido debut, Demasiado cerca [+lee también:
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, con la asombrosamente lograda Beanpole [+lee también:
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, que le valió (merecidamente) el premio a mejor dirección en la sección de Cannes Un Certain Regard. La cinta ganó recientemente el Albaricoque de Plata en el Festival Internacional de Cine Golden Apricot de Ereván, y también se proyectó en la sección Festival of Festivals de Odesa.

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Es el primer otoño en Leningrado tras el asedio. Iya (Viktoria Miroshnichenko) es una rubia tan alta que le ponen el apodo de Larga; ella trabaja como enfermera en un hospital de veteranos. Sufre de un tipo de trastorno de estrés postraumático que se manifiesta en ataques en los que se queda helada, paralizada, y respira con el sonido característico de alguien que se está quedando sin aire. La acompaña su hijo de tres años, Pashka; ambos tienen una relación maravillosa y llena de amor, en medio de las brutales circunstancias de la posguerra.

Pero en un momento dado, mientras juegan sobre la moqueta de su pequeño apartamento, Iya tiene uno de sus ataques y asfixia al chico con su peso. Esta es una de las escenas más difíciles del cine de los últimos años, pero hay muchas más secuencias duras en este film sombrío y despiadado.

Poco después, una camarada de Iya vuelve del frente. Se trata de Masha (Vasilisa Perelygina), una pelirroja con sonrisa de maníaca y ojos desesperados; descubrimos que ella es la auténtica madre de Pashka, al que dejó a cargo de Iya por su deseo de ir a luchar y vengarse de los alemanes por la muerte de su marido. Cuando Masha descubre que Pashka está muerto y que no puede tener más hijos debido a lo que parece una herida de metralla, exige a Iya que tenga un hijo por ella, diciendo que se lo debe.

Aunque suene a locura, este es solo el principio de una historia increíblemente rica en detalles emocionales, psicológicos y cinematográficos. Muchos personajes secundarios podrían ser los héroes principales de sus propias películas. Y el inmenso talento de Balagov para sostener la tensión permite que las dos excelentes actrices protagonistas establezcan una interacción siniestramente satisfactoria.

Los que hayan visto Demasiado cerca reconocerán en esta cinta una vertiente de autor que puede dar una impresión manipuladora, pero al contrario que en el primer film, la ambientación proporciona un contexto en el que escenas ética y emocionalmente increíbles pueden resultar plausibles, aunque no exactamente naturales. Se fundamentan en personajes realistas cuyos actos, a menudo terribles, emanan lógicamente de profundos traumas y circunstancias terroríficas. Beanpole tiene un espectro de dinámicas emocionales tan amplio como la propia Rusia, para bien o para mal: desde la crueldad y la ausencia de compasión hasta el sacrificio absoluto por un ser amado; y con frecuencia, todo ello se da a la vez en una de las protagonistas.

Esta es también una película de marcados contrastes, que en ocasiones quedan demasiado enfatizados. La compleja relación de Masha e Iya no deja de cambiar durante el largo, de un extremo al otro. Visualmente, el trabajo de la directora de fotografía Ksenia Sereda es más que asombroso; las mejores imágenes parecen cuadros. Las luces cálidas y amarillas suavizan las míseras condiciones en las que viven los personajes, hasta tal punto que las paredes agrietadas parecen hermosas. El diseño de producción de Sergei Ivanov es exuberante y minucioso, yuxtaponiendo colores verdes y rojos hasta conseguir un gran efecto, aunque hay que reconocer que su fuerza se desvanece a lo largo de los 137 minutos de metraje.

Beanpole es una producción de las empresas rusas AR Content y Non-Stop Production; Wild Bunch se encarga de los derechos internacionales.

(Traducción del inglés)

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