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ODESA 2019

Crítica: Eastman

por 

- El director ucraniano Andy Iva debuta con una humanístico pero algo teatral acercamiento al conflicto que pudo experimentar en primera persona

Crítica: Eastman
Anatoliy Maksimyuk (izquierda) y Bohdan Beniuk en Eastman

Aparte de algunas incursiones en territorio desconocido, capturando las vidas de un ingeniero de sonido extraordinariamente alto (My Thoughts Are Silent [+lee también:
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) o un proyeccionista sin suerte (Projectionist [+lee también:
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), la competición nacional del Festival Internacional de Cine de Odesa 2019 también acogió algunas visiones completamente nuevas de la agitación política, que todavía se deja sentir. Resulta revelador que dos cintas que abordan de frente temas difíciles, U311 Cherkasy [+lee también:
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y ahora el film de Andy Iva Eastman, hayan sido realizadas por directores debutantes, con ganas de decir bien alto lo que no se ha dicho antes y empezar una conversación completamente diferente, sin centrarse tanto en políticos conocidos o momentos de portada de la prensa, sino en personas corrientes que hacen lo que pueden por sobrevivir, así como para descubrir por qué luchan en realidad.

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Y ciertamente, son personas corrientes: en Eastman, Iva muestra a todos esos "héroes humildes, sin reconocimiento", esos que tanto apreciaba Jaroslav Hašek, defendiendo, en este caso, el territorio oriental de Ucrania. Son personas para las que la guerra, por lo menos al principio, solo es gloriosa por los muchos garabatos de los niños en la pared, inundada de burocracia y lastrada por una lucha constante por los suministros, como expone una larga conversación sobre cigarrillos, a la que sigue la demanda a gritos de papel higiénico, todo ello en cuanto terminan los créditos iniciales. Pero este planteamiento, por mejor intencionado que sea, tiene algo familiar, pues los parlanchines personajes parecen los arquetipos definitivos del cine bélico, desde un viejo lobo que no se anda con tonterías (Bohdan Beniuk) hasta un novato desorientado (Anatoliy Maksimyuk); predeciblemente, ambos son emparejados, a fin de obtener lo mejor de ambos mundos.

Beniuk tiene experiencia de sobra, pero cuando se quedan a solas, las interpretaciones no resultan del todo convincentes. Sobre todo porque el dúo tiene que brindar emotivos monólogos con regularidad, normalmente mientras van por la carretera (no quiero ser quisquilloso, pero parece que la gente solo se sienta en el capó del coche sin ningún motivo en las películas). Son tan rígidos y exagerados que uno medio espera oír un carraspeo sordo desde una de las filas al final de la sala. Es bastante extraño, considerando que el joven director se ha inspirado en sus propias vivencias, pues luchó en 2016; a ello alude la escena en la que uno de los "chicos" pide que hagan una película sobre sus aventuras. Y aun así, los diálogos no parecen tanto el resultado de un sigiloso voyeurismo, sino de la invención absoluta, recordando demasiado a las frases de The Good Soldier Švejk, pero olvidándose de su enternecedora ligereza.

Hay algunas partes buenas, como cuando el coche atraviesa la calle en cuanto cruza un gato negro —nunca es buena señal—, o la gente de fondo, dedicada en cuerpo y alma a celebrar el famoso "squat eslavo" como si su vida dependiera de ello. Pero uno no debería tener que oír que "Donbás es algo complicado" para darse cuenta. Sin embargo, será interesante ver qué podría salir de esta nueva ola de películas marcadas por la guerra, que buscan otras formas de afrontar las heridas, esas que bajo todas las vendas, siguen estando lejos de curarse. Yo, por mi parte, estaré muy pendiente.

Eastman es una producción de Volodymyr Filipov, Alla Ovsiannikova, Andrii Suiarko y Oleksandr Kovalenko para Insight Media, que también se encarga de las ventas internacionales. La película está financiada por la Agencia Cinematográfica Estatal de Ucrania.

(Traducción del inglés)

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