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LOCARNO 2019 Cineastas del presente

Crítica: L’Île aux oiseaux

por 

- El nuevo documental de Maya Kosa y Sergio Da Costa confirma su talento para captar la poesía de la vida cotidiana

Crítica: L’Île aux oiseaux

Tras un periodo de gestación largo y duro, el interesante dúo compuesto por Maya Kosa y Sergio Da Costa presenta L’Île aux oiseaux [+lee también:
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, un largometraje de una poesía que roza el surrealismo, a pesar de estar íntimamente relacionado con la realidad. La película, presentada en la sección Filmmakers of the Present de la 72ª edición del Festival de Cine de Locarno, oscila constantemente entre la ficción y la realidad, como por arte de magia; una alternancia que siempre ha caracterizado el trabajo de ambos directores suizos (la primera de origen polaco y el segundo de origen portugués).

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L’Île aux oiseaux surgió del proyecto titulado Milan Noir, con el que Sergio Da Costa ganó la prestigiosa competición Migros Culture Percentage Swiss Documentary en la categoría de tiempo, en 2016. Mientras la idea inicial fue evolucionando, el escenario principal, el Centro de Rehabilitación Ornitológica de Genthod, Ginebra, no cambió. Es en este lugar donde Maya Kosa y Sergio Da Costa desarrollan su historia a través de largas observaciones y conversaciones con las personas que visitan el centro todos los días, sin olvidar algunas sorpresas. Se trata de un lugar bastante inusual donde pájaros y personas heridas (los primeros literalmente, y los segundos de una forma más metafórica) intentan redescubrir el deseo de vivir.

Y, mediante el respeto y la curiosidad que los caracteriza, estos jóvenes directores han conseguido captar la atmósfera reinante en este refugio “inusual”, donde el tiempo está marcado por el despegue y el aterrizaje de los aviones de un aeropuerto cercano; un ruido molesto que se transforma en una especie de canción de cuna surrealista. Es una película valiente y algo descarada que sigue su propio camino a pesar de las expectativas, que se aleja del ruido para intentar traducir el ritmo lento y constante de la naturaleza.

L’Île aux oiseaux está marcada por una paz exagerada, por no mencionar su tranquilidad. Pero la película también está imbuida de una cierta crueldad y candor (nos referimos a las maravillosas tomas del bisturí del veterinario acercándose a la carne ensangrentada de las aves rapaces) que nos deja perplejos. El claro contraste entre las imágenes del ratón que será devorado por los pájaros y los minuciosos cuidados del personal hacia esos pájaros enfermos recuerda a una sociedad que divide a las personas en dos categorías: ganadores y perdedores. Entre los últimos, se encuentra el personal que trabaja en el centro: personas que buscan volver a trabajar después de un periodo difícil; los heridos en la batalla, que son incapaces de seguir en la deshumanizada y frenética paz de la vida. Y, como resultado de su incapacidad, ellos mismos son reducidos a presas.  

Al igual que las aves rapaces heridas, Paul, Antonin y los demás trabajadores del centro situado en Genthod deben reaprender a cazar para sobrevivir en una sociedad que “no permite la torpeza” (como explica el veterinario al joven Antonin, que discute la rehabilitación de un cernícalo). ¿Qué es ese olor?, pregunta Antonin, un recién llegado y protagonista de la película, cuando visita por primera vez la zona donde se dejan las jaulas de los ratones; “Es mierda. Te acostumbrarás”, responde Paul, un veterano. Es una frase cruel pero simple que resume la película: magnífica en toda su terrible y contradictoria simplicidad.

El contenido de la cinta adquiere fuerza debido a la escasez de diálogo. La elección de las palabras es acertada, oscila entre lo maravilloso y lo preciso y recuerda al diálogo de Rohmer, enriquecido con la simpleza y extraña comicidad de Kaurismäki. Es como si los primeros planos secuencia que enfatizan la película intentaran expresar con imágenes lo que no se dice con palabras.

Mientras esperamos que Antonin aprenda a volar, nos relajamos con la belleza venenosa de las imágenes, que a veces aparecen ante nosotros como “cuadros vivientes”. En resumen, es una segunda película interesante y coherente hecha por un dúo de directores que defienden con valentía su propia identidad artística.

L’Île aux oiseaux ha sido producida por Close Up Films (Ginebra), que también se encarga de las ventas internacionales, y por RTS Télévision Suisse.

(Traducción del italiano)

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