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VENECIA 2019 Giornate degli Autori

Crítica: La Llorona

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- VENECIA 2019: Jayro Bustamante evoca el genocidio en Guatemala usando los códigos de las películas de fantasmas en su tercer largometraje presentado en las Giornate degli Autori

Crítica: La Llorona
María Mercedes Coroy en La Llorona

La justicia viene de otro mundo en el nuevo film de Jayro Bustamante, La Llorona [+lee también:
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, presentado en competición en las 16as Giornate degli Autori del 76º Festival Interncional de Cine de Venecia. El director guatemalteco, que estudió en París y Roma, completa con este tercer largo su trilogía sobre las palabras que, en Guatemala, son consideradas como los peores insultos que pueden dirigirse a alguien: “indio” (a pesar de que representan el 70 % de la población), un tema abordado en Ixcanul [+lee también:
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, que se estrenó en Berlín; “gay”, en torno a la cual gira Temblores [+lee también:
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; y “comunista”, que inspira su último trabajo. La cinta cuenta la historia del genocidio de principios de los 80, durante la guerra civil de Guatemala —que llevó a la masacre de la población maya-ixil, incluyendo a miles de niños—, empleando los códigos del cine de fantasmas.

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En 2013, el general y antiguo presidente Efraín Ríos Montt fue condenado por genocidio y crímenes contra la humanidad, pero tan solo dos semanas después, la sentencia fue revocada por un error procedimental, causando la ira y el desaliento del pueblo guatemalteco. Este hombre es la inspiración del personaje de Enrique Monteverde (Julio Díaz), un general retirado a quien vemos, junto a su mujer Carmen (Margarita Kénefic) y su hija Natalia (Sabrina De La Hoz), escuchando, con descaro y confianza en sí mismo, los terribles testimonios de mujeres que sufrieron la violencia de los soldados que estaban a sus órdenes. Monteverde es condenado por genocidio, pero pronto queda absuelto gracias a la anulación del juicio. Esta total y escandalosa impunidad lleva al pueblo a protestar, y la familia Monteverde (que también incluye a la joven Sara, Ayla-Elea Hurtado), hija de Natalia, cuyo padre ha desaparecido en misteriosas circunstancias) se verá forzada a atrincherarse en la casa, esquivando las piedras que lanza contra sus ventanas la furiosa población indígena.

La mayor parte del film se desarrolla en la lujosa residencia con piscina del general. Los personajes están prácticamente atrapados, y el cerco en torno a ellos se va cerrando cada vez más. De día, los cánticos de protesta que vienen de la calle resuenan sin cesar; de noche, los gritos de una mujer atormentan a Enrique, mientras su mujer, Carmen, que siempre le ha defendido, empieza a tener pesadillas horribles y reveladoras, y su hija Natalia se hace cada vez más preguntas. El espíritu de La Llorona, el personaje de la leyenda tradicional latinoamericana, levita por la casa buscando justicia, mientras que la llegada de una nueva criada de cabello largo y negro, Alma (María Mercedes Coroy), cuya función es ayudar a Valeriana, la ama de casa desde hace muchos años —ambas son indígenas—, desembocará en una serie de acontecimientos inexplicables.

En una escalada cada vez más sobrenatural de los acontecimientos, hasta los rostros de los manifestantes empiezan a cambiar, los gritos se hacen más fuertes, hasta que todo vuelve a su lugar. El trabajo de sonido es extraordinario; los chillidos golpean al espectador directamente en las entrañas. A medida que sube la temperatura emocional, se desvanece la aparente impasividad que los personajes mostraban al principio de la película. Bustamante ha elegido abordar este episodio atroz de la historia guatemalteca a través del género, con un film que roza el terror; y es que, en definitiva, el terror es lo que reside en el centro de la cuestión. El cineasta, no obstante, imagina una nueva conclusión para esta historia.

La Llorona es una producción de La Casa de Producción junto con la compañía francesa Les Films du Volcan. Las ventas internacionales están a cargo de Film Factory Entertainment.

(Traducción del italiano)

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