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ZÚRICH 2019

Crítica: Silence radio

por 

- La película de Juliana Fanjul da forma a una de las voces más potentes de la oposición mexicana, la de la periodista Carmen Aristegui

Crítica: Silence radio

En su segundo largometraje, Silence radio [+lee también:
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, que se ha estrenado en el Festival de Zúrich en el marco de la Competición internacional de documentales, la directora mexicana afincada en Suiza, Juliana Fanjul, ha decidido volver a hablar sobre México, su país natal, pero cambiando por completo de registro.

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, describía la vida cotidiana de un grupo de mujeres en la sombra: las empleadas de las familias mexicanas de clase alta. Esta vez, Fanjul ha optado por grabar a un personaje público: la periodista Carmen Aristegui, mítica para unos e infame para otros. 

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Carmen Aristegui, incorruptible hasta adquirir un aura mística, representa para los millones de personas que la apoyan la única voz alternativa a la versión oficial. Carmen, en apariencia impermeable al miedo, se dedica a tiempo completo a divulgar la verdad que el gobierno mexicano (liderado desde hace 70 años por el mismo partido político) que se dice respetable, ya no puede esconder debido a su sistema corrupto. La desinformación es la verdadera batalla de la periodista, una herida infectada que el gobierno busca cerrar despidiéndola de su puesto de trabajo cuando ella y su equipo hicieron público un escándalo de corrupción que implicaba al presidente. Una decisión desencadenará la indignación colectiva e iniciará una guerra mediática a favor de la libertad de opinión y de prensa.

“El retrato de México tiene la cara de los periodistas asesinados”, dicen al principio de la película, que empieza con el homicidio de Javier Valdez Cárdenas, fundador del periódico Ríodoce y principal voz de la oposición. Un reproche que planea sobre toda la película como una bruma fina pero persistente, amplificada por la música de fondo que acompaña las imágenes de un México sofocado por una paz definida como “mafiosa”.

Si los que gobiernan el país no dudan en bombardear al pueblo con lemas prefabricados y desfiles militares ensordecedores, tras el despido de Carmen, todo se ve invadido por un silencio ensordecedor (como describe la directora en la voz en off). Un silencio que la periodista, cuyas palabras parecen amplificadas (o invadidas) por la presencia de la cámara de la directora, no piensa mantener durante mucho tiempo. A partir de ese momento, la película sigue la accidentada vida cotidiana de Carmen, que crea y dirige su propia unidad de investigación, el único rayo de luz en un paisaje mediático monotemático e intoxicado.

Sin mostrar nunca (o al menos brevemente) el horror, Juliana Fanjul sugiere; nos hace imaginar lo peor sin privar a su heroína de esa amabilidad y sentido del humor que la hacen única. La voz fuera de cámara de la directora (cuyas palabras, implacables pero realistas, son elegidas con sumo cuidado) da a la película un sabor agridulce, poético y a la vez contundente.

“Todos somos Carmen”, grita la multitud que protesta contra su despido, y nos recuerda que podemos rebelarnos contra un discurso oficial bulímico y soporífero.

Silence Radio enriquece un discurso sobre México que la directora complica en cada película. Como un caleidoscopio que apunta hacia un mundo complejo y en constante cambio, y que tiene una gran necesidad de voces y de imágenes verdaderas y valientes. 

Silence Radio ha sido producida por la compañía suiza Akka Films y la mexicana Cactus Docs, en colaboración con RTS Radio Télévision Suisse y SRG SSR.

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(Traducción del italiano)

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