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SITGES 2019

Crítica: El asesino de los caprichos

por 

- Ayudado por una entregada Maribel Verdú, Gerardo Herrero ofrece una versión de CSI inspirada en las pinturas de Goya

Crítica: El asesino de los caprichos
Aura Garrido y Maribel Verdú en El asesino de los caprichos

El thriller de Gerardo Herrero, El asesino de los caprichos [+lee también:
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, proyectado en la Sesión Especial de Órbita del Festival de Cine de Sitges, sigue a dos inspectoras opuestas que intentan capturar a un asesino suelto, que se toma su tiempo para reproducir meticulosamente las escenas de los Caprichos de Goya (una serie de grabados que, según se dice, representaban la estupidez de la sociedad española de la época. Con toda probabilidad, dicha estupidez aún siga intacta, ya que se trata de una característica humana que no parece envejecer). Un poco como Cher.

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La película se ha construido en torno a la madrileña Maribel Verdú, considerada un tesoro nacional, tan notable en Y Tu Mamá También como en El laberinto del fauno [+lee también:
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, y que acaba de recibir el premio Máquina del Tiempo a su trayectoria en la presente edición del Festival. Sin embargo, El asesino de los caprichos es tonta e infumable (el tipo de historia que escribiría Jo Nesbø luego de pasarse con el vino durante sus vacaciones en España). Verdú eleva la película, con una mirada dramática y una expresión de enfado, sirviéndose de los clichés y combinándolos con algunas líneas de la guionista Ángela Armero, que son para morirse. Literalmente, ya que el asesino es tan detallista como vivaz.

Predeciblemente, la Carmen Cobos de Verdú, gruñona y fumadora compulsiva, se queda con los mejores diálogos, con frases como: “Un divorcio menos”, cuando se encuentra con el cadáver de la primera víctima, o explicando la mecánica del asesinato hombre-mujer a su joven compañera, Eva (una irregular Aura Garrido); para terminar con: “Te sorprenderías de lo frecuente que es encontrar sangre en el extractor”. Lo que parece un punto justo, mientras estamos allí. Para todos los hombres que pasan, a veces en muletas, es esta extraña pareja quien conduce la historia, mientras Herrero subraya sus múltiples diferencias en cada escena, como si fuese una secuela moderna de la película de 1977 de Agnès Varda (pero aquí, una canta en el karaoke y la otra no). El alcohol también fluye libremente: la botella de Carmen hace apariciones tan frecuentes que termina teniendo un papel secundario.

Ver a ambas intentando escabullirse de tan exitoso guión es más entretenido que la investigación (que contiene algunas interpretaciones demasiado rígidas, varias escenas que delatan un presupuesto no muy alto, y un trasfondo predecible que se ve venir a kilómetros pero que no conduce a nada). A veces parece un CSI: Pintores españoles del Romanticismo, puesto que está diseñada más bien para la televisión. Dicho esto, te sorprenderías de lo frecuente que es encontrar sangre en el extractor.

El asesino de los caprichos ha sido producida por Gerardo Herrero para la compañía española Tornasol Films, Movistar+ y la belga Entre Chien et Loup, con el apoyo del ICAA. A Contracorriente Films se encarga de la distribución, mientras que Latido Films gestiona las ventas.

(Traducción del inglés)

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