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ROMA 2019

Crítica: Trois jours et une vie

por 

- Nicolas Boukhrief dirige un convincente thriller rural, adaptando el best-seller de Pierre Lemaître, en donde la línea entre inocencia y culpabilidad se difumina de forma amarga

Crítica: Trois jours et une vie
Jeremy Senez en Trois jours et une vie

El asesino siempre regresa al lugar del crimen, aunque hayan pasado quince años. Es lo que ocurre en el interesante thriller rural Trois jours et une vie [+lee también:
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, de Nicolas Boukhrief, que compite en la sección oficial de la 14ª edición de la Fiesta del Cine de Roma. La película, basada en el best seller homónimo de Pierre Lemaître (cuya novela Nos vemos allá arriba [+lee también:
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, también fue adaptada al cine y cosechó varios premios), se toma dos horas para poner en imágenes este pequeño universo provinciano aparentemente seguro, donde todo el mundo se conoce y no se puede hacer nada sin que los demás lo sepan; un microcosmos delicado que, un día, se ve conmocionado por la inexplicable desaparición de un niño de cuatro años, entre otras cosas.

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En efecto, como conocemos más tarde, durante los tres días anteriores a la Navidad de 1999, en el pequeño pueblo minero de Olloy, en Ardenas, en la frontera entre Francia y Bélgica, el pueblo donde vive Antoine (Jeremy Senez), de 12 años, con su afectuosa madre, Blanche (Sandrine Bonnaire), se producirán varios acontecimientos memorables: el perro del vecino muere de forma accidental, el pequeño Rémi no vuelve a casa y una tempestad arrasa la mitad del país, causando muertos, heridos y haciendo desaparecer, tal vez para siempre, el rastro del pequeño Rémi. Como desde el principio sabemos lo que le ocurrió al niño, el suspense de la película se basa en que la única persona que puede saber algo sobre la misteriosa desaparición, su amigo Antoine, decidido a ocultar la verdad, soporta una gran carga moral. Investigaciones policiales, batidas en el bosque donde participa toda la comunidad, indicios y sospechas: todo es borrado por la “tempestad del siglo”.

Quince años más tarde, Antoine se ha convertido en médico (un adulto interpretado por Pablo Pauly) y vive lejos de su pueblo; pero después de varios años, vuelve durante unos días para pasar la Navidad con su madre. Algunas cosas han cambiado y otras no: su antiguo rival en el amor se ha convertido en un pobre diablo y la chica de la que estaba enamorado cuando era niño está disponible. La herida por la pérdida del pequeño Rémi no ha cicatrizado y en el bosque donde todos buscaron al niño, unos trabajos de deforestación podrían desvelar algunas sorpresas.

Entre mentiras, omisiones y amores secretos, esta historia de cine negro provincial explora la delgada línea entre la inocencia y la culpabilidad en una película muy bien concebida e interpretada (el reparto también incluye a Charles Berling y Philippe Torreton), que poco a poco desvela secretos inconfesables que implican a las personas más insospechadas y deja un regusto amargo por los compromisos que se adquieren en la vida, y la idea de que un alma joven nunca obtendrá justicia. Tres días hubiesen bastado para cambiar el curso de una vida, nos cuenta esta historia, y para expiar su culpabilidad uno puede verse condenado a una prisión sin barreras ni carceleros: su propia casa.

Trois jours et une vie ha sido producida por Gaumont y Mahi Films en coproducción con France 3 Cinéma, Ganapati, La Company de la Seine y los belgas de Umedia. Gaumont gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del italiano)

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