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JIHLAVA 2019

Crítica: The Building

por 

- El documental de Matilda Mester y Tatiana Kononenko combina material de archivo y metraje actual para mostrar la vida de un edificio a través de un tiempo y espacio cambiantes

Crítica: The Building

A través tanto de títulos de repertorio como de nuevas películas, el vigésimo tercer Festival Internacional de Documentales de Ji.hlava se centra este año con fuerza en películas ucranianas. En el programa introspectivo, llamado Conference Fascinations, la programación nos descubre “documentales salvajemente alegóricos, radicalmente poéticos, inusuales, producidos en los límites de las estructuras oficiales de la Ucrania del régimen soviético de posguerra”, en palabras de la programadora Andrea Slováková. Pero dos nuevas películas están también en cartelera. La coproducción alemano-ucraniana The Building [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, de Matilda Mester y Tatjana Kononenko, es una entrada fascinante en la sección First Lights del festival.

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La película ve a las cineastas viajar a Krakov, Ucrania, para rendir homenaje cinemático a uno de los edificios más icónicos de la historia soviética: el palacio Derzhprom. Construido en la década de 1920 para acoger los Ministerios de industria, encarnaba también la idea de una sociedad nueva, justa e igualitaria. El impresionante edificio cubista-constructivista inspiró a varios artistas legendarios, incluyendo a cineastas como Dziga Vertov y Sergei Eisenstein, que lo usaron en sus películas como símbolo de burocracia, o como patio de recreo para el Hombre con una cámara de grabación. Hoy, sigue fascinando a fotógrafos e historiadores y confundiendo a las gentes de Krakov con su distorsionado, arcaico sentido del paso del tiempo (las oficinas en su interior están a kilómetros las unas de las otras, explica Kononenko) y su razón de ser, completamente distanciada de la ideología de un país que ha dejado atrás su transición.

Mester y Kononenko emprenden este retrato metódicamente. Están interesadas en el aspecto del palacio Derzhprom durante su construcción, y en cómo cambió a través de los años. Usan cantidad de metraje de archivo con este fin, encontrado en los catálogos de Ucrania y Rusia (aunque acabaron usando solo el de la primera). Vemos el palacio Derzhprom de los años 20, cuando fue completado; a través del inicio de la era estalinista, que trajo consigo un cambio de ideología y por lo tanto de su propósito; las últimas décadas de la era soviética; las décadas de 1970 y 1980; y finalmente, el edificio hoy día, con sus trabajadores y turistas merodeando.

Lo más importante es que las cineastas no separan el edificio de la filosofía tras el mismo, una estrategia que sin duda neutraliza el propósito político original de su arquitecto. Yuxtaponiendo imágenes de Derzhprom a citas de manifiestos y otros textos de pensadores marxistas y leninistas, la película crea una visión casi romántica de la sociedad del futuro, un mundo en que todo pertenece a todos, incluso el arte y la arquitectura: todo el mundo puede crear arte, todo el mundo puede entenderlo. Mester y Kononenko quizás nadan contracorriente aquí al no condenar la era comunista en favor del capitalismo occidental, como es habitual en las películas de las últimas décadas. En su lugar, su retrato del palacio de Derzhprom contiene una sutil nostalgia por el idealismo de principios del siglo XX, al tiempo que reconoce los miedos y visiones distópicas de la sociedad acabada de formar de la época.

La película ha sido producida por la compañía alemana Deutsche Film & Fernsehakademie Berlin (dffb).

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(Traducción del inglés por Angélica Ramos)

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