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SEVILLA 2019

Crítica: Bird Talk

por 

- Xavery Żuławski firma una carta de amor-odio a su padre fallecido, con la que consigue agotar al espectador

Crítica: Bird Talk
Andrzej Chyra y Sebastian Fabijański en Bird Talk

Uno se pregunta si tiene sentido intentar reseñar el último trabajo de Xavery Żuławski —y quizás el más ambicioso hasta la fecha— Bird Talk [+lee también:
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, presentado en el Festival de Cine de Sevilla después de una recepción controvertida en su país natal, Polonia. Decimos “quizás más ambicioso” porque su anterior película fue una adaptación de la novela-monólogo interior Snow White and Russian Red [+lee también:
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, de Dorota Masłowska. Cómo lo consiguió sigue siendo un misterio.

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La ambiciosa Bird Talk, que tiene varias capas y nace del último guión de Andrzej Żuławski —que parece dejarse llevar tanto por la situación actual de Polonia como por los demonios de su difunto padre— y de la ayuda de sus colaboradores habituales (incluido el cineasta Andrzej Jaroszewicz), es una experiencia agotadora. Y lo será aún más para cualquiera que no sea polaco ni versado en la locura reinante en el mundo de Żuławski padre. Irónicamente, algunos de sus mejores trabajos, como La posesión o On the Silver Globe, han tenido más reconocimiento internacional que las pequeñas historias correctas del cine polaco. Y sino, que se lo pregunten a Sam Neill, que todavía recuerda horrorizado la película donde la automutilación de Isabelle Adjani con un cuchillo eléctrico no era la peor escena.

Esta vez, hay menos argumento real y más bacanales, con monólogos presentados con entusiasmo y sobreactuados sobre un fragmento de su vida (hasta que empieza a ser interesante) y grita sobre un “grupo de judíos, judíos, judíos”, acompañado del conocido poema de principios del siglo XX que enseñaba a los niños que “los alemanes no nos escupirán en la cara”. Estos elementos convierten Bird Talk en una especie de sátira delirante desde el principio. En ella, dos profesores son despedidos de su puesto de trabajo, uno (Sebastian Pawlak) ha sido víctima de los abusos constantes de unos alumnos crueles y nacionalistas, mientras que el otro, Marian (Sebastian Fabijański, que casi intenta emular a Nicolas Cage en algunas escenas), comparte piso con un pianista leproso. También hay un pintor con un solo ojo y una florista coja, que también canta. Nadie, y mucho menos el joven Żuławski, parece tener el control sobre lo que sucede en la pantalla.

A decir verdad, algunos problemas nos resultan familiares: el diálogo, tan intelectual que necesita ser recitado en lugar de hablado, recuerda a esas listas escolares de libros aprobados pero también a algunas noticias locales olvidadas, y los temas autobiográficos son recurrentes, algunos más obvios que otros. Andrzej Żuławski empleó sus propias tendencias perjudiciales, que en ocasiones tuvieron resultados interesantes, pero en otras no tanto (a veces, parece que la película no va a terminar nunca). Pero mientras no haya necesidad de un análisis político profundo, la película será un retrato cruel y sudoroso que Polonia no quiere que veas, la confusión entre su pasado comunista y el giro hacia la derecha del presente es suficiente para marear a los espectadores. ¿Anarquía en el Reino Unido? Por favor, ve a Polonia y prepárate para un dolor de cabeza infernal. “Es divertida y terrible”, dice Fabijański. “Como follarse a un tigre”.

Bird Talk ha sido producida por la compañía polaca Metro Films.

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(Traducción del inglés)

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