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GIJÓN 2019

Crítica: El trabajo, o a quién le pertenece el mundo

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- Elisa Cepedal radiografía el mundo de los mineros asturianos en su aséptico documental, otorgándole incluso una cierta aura distópica a la historia y la realidad más real

Crítica: El trabajo, o a quién le pertenece el mundo

La historia de Asturias, la región del norte de España separada de la meseta central por la Cordillera Cantábrica, no se entiende sin el uso que sus habitantes han hecho de su accidentado relieve a lo largo de los años. Sus cuencas mineras del carbón, localizadas en los dos valles que unen la cordillera con la meseta de Oviedo (los de los ríos Nalón y Caudal), han sido epicentros económicos, sociales y culturales en la región desde mediados del siglo XIX. En la época que nos ocupa, en la que la extracción del mineral se deja de apoyar por la alta contaminación que genera, el pequeño mundo que existe en estos valles echa la mirada atrás: ¿cómo seguir adelante con una industria para la que ya no hay hueco? ¿Cómo seguir luchando por unos derechos laborales después de haber sido la punta de lanza de los logros en este ámbito durante el siglo XX en España?

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La joven cineasta originaria de la zona (en concreto, del pueblo de Barredos, en el que se centra su trabajo) Elisa Cepedal radiografía esta situación actual desde el lugar hasta cierto punto distanciado en el que la coloca el estar afincada en Londres y el analizar toda la historia que la precede. En su documental y primer largometraje presentado a competición en el 57° Festival Internacional de Cine de Gijón, audazmente titulado El trabajo, o a quién le pertenece el mundo, la directora establece una mirada aséptica a todo esto.

Con la desconcertante decisión de utilizar una narración en inglés (a través de la grave y penetrante voz del fotógrafo Tom Wandrag), la película adquiere desde el principio una cierta aura distópica, retratando los bloques de viviendas de los mineros y sus familias como un elemento de contención de su conciencia de clase y sus posibles exigencias sobre sus derechos. Unas exigencias que cristalizan en la consecución de la jornada laboral más corta de Europa en 1919, y más tarde, en las huelgas generales y la llamada revolución de Asturias de 1934, duramente reprimida por el gobierno de la época. La invasión franquista y la posterior represión de la dictadura, la resistencia formada para luchar contra ella en su época tardía, y las nuevas huelgas generales ya en la democracia de los 90 también son conjuradas por la cronología de Cepedal.

Precisamente, para acompañar a esta cronología de los hechos con un discurso político elaborado, en vez de exponerlo ella misma, Cepedal utiliza un inserto, quizá demasiado extenso, de la película de 1932 de título similar a la suya Kuhle Wampe oder: Wem gehört die Welt, escrita por Bertolt Brecht y dirigida por Slatan Dudow, la única cinta de ideología comunista realizada durante la República de Weimar. El trabajo… equipara esto con el rodaje de una reunión sindicalista de los mineros en el 2018, en donde se plantean su propio discurso para contemplar qué opciones les restan en el momento actual de falta de esperanza para una industria desactivada (“que acaben con los puestos de trabajo contaminantes, vale, pero primero que creen los no contaminantes”). El trabajo… es, si bien una obra cinematográfica no rebosante de personalidad propia, un artefacto de fuerte carácter político que ofrece un vanguardista y certero análisis de sus elementos.

La cinta ha sido producida por la española Freews y la británica Chaytor Industries.

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