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SUNDANCE 2020 Competición World Cinema Dramatic

Crítica: This Is Not a Burial, It's a Resurrection

por 

- Con su primer largometraje de ficción, Lemohang Jeremiah Mosese firma una obra inspirada e hipnótica sobre los límites del realismo y del mito, de la etnografía y del onirismo

Crítica: This Is Not a Burial, It's a Resurrection

“Las leyendas dicen que esta zona se llamaba llanura de las lágrimas”. Después, los misioneros la rebautizaron Nazaret, pero “la gente la llamaba hogar”. El cineasta Lemohang Jeremiah Mosese (que vive en Berlín) ha elegido el distrito de Leribé, al norte de Lesoto, cerca del río Orange, un espléndido marco natural de su país natal, para ambientar su primer largometraje de ficción, This Is Not a Burial, It's a Resurrection [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, presentado en la sección World Cinema Dramatic de la 36ª edición del Festival de Sundance. Una producción iniciada en el marco de la Biennale College Cinema de la Mostra de Venecia y que también figura en el programa Bright Future del 48º Festival de Róterdam.

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El director, un cineasta autodidacta cuyo documental Mother, I Am Suffocating. This Is My Last Film About You fue proyectado en el Forum de la Berlinale 2019, impone en la ficción un universo personal muy fuerte basado en una puesta en escena que juega con las luces (una fotografía firmada por Pierre De Villiers), las sombras y el tejido sonoro para crear una realidad extraña e hipnótica que se alterna con una historia contemporánea muy naturalista.

El relato, narrado por un cuentacuentos que toca la lesiba (Jerry Mofokeng Wa Makheta), un elemento que añade una tonalidad mágica y atemporal (“He visto a los muertos enterrar a sus muertos. Niños, formad un círculo”), sigue al personaje de Mantoa (una excepcional Mary Twala Mhlongo), una mujer que sufre por la muerte de su hijo en las minas de oro sudafricanas. Su deceso se suma al de su marido, su hija y su nieto. Pronto descubrimos que es la curandera del pueblo (la tercera autoridad local después del jefe y del sacerdote). Mientras espera su propia muerte, Mantoa se entera de que todos los habitantes serán desplazados a la ciudad porque la zona va a ser inundada y se va construir una presa (un acontecimiento inspirado en el caso real Lesotho Highlands Water Project, destinado a abastecer de agua potable al sur de África).

Mantoa se rebela en nombre de los ancestros y del respeto a sus tumbas, despertando y uniendo a los opositores al proyecto (“Nosotros tenemos la intención de permanecer en nuestra tierra. Pedimos que los obreros del ministerio cesen su trabajo y abandonen nuestro pueblo”), pero también desencadena el odio de los partidarios (“Técnicamente, es la tierra del rey, él nos la ha prestado”, “los tiempos cambian”, “hay que adaptarse”). Ella sólo tiene una idea en la cabeza: cavar su propia tumba y morir al fin…

This Is Not a Burial, It's a Resurrection esboza varios temas interesantes: modernidad y naturaleza, vida y muerte, comunidad rural y éxodo urbano, “ocultismo” y cristianismo. Pero la película también presenta a un artista exigente (que solicita la paciencia y la apertura de espíritu de los espectadores), dotado de una voz singular y fascinante, que sabe situar la frontera que separa lo real de lo invisible o de lo indecible. Lemohang Jeremiah Mosese es un talento con un gran potencial y seguiremos con mucha atención la evolución de su nuevo proyecto, Victoria Falls, seleccionado el año pasado en el Atelier de la Cinéfondation del Festival de Cannes.

This Is Not a Burial, It's a Resurrection, ha sido producida por la compañía sudafricana Urucu Media y la Biennale de Venecia. La sociedad parisina Memento Films International gestiona sus derechos.

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(Traducción del francés)

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