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SUNDANCE 2020 Competición World Cinema Documentary

Crítica: The Painter and the Thief

por 

- Benjamin Ree ha firmado una engañosa película de atracos que retrata una inesperada amistad en Noruega

Crítica: The Painter and the Thief

Las amistades inesperadas son un pilar básico en la historia del cine. Por ejemplo, ¿en cuántas películas vemos a policías que se hacen amigos de delincuentes, o a prisioneros que se sienten atraídos por su captores? Todo eso sin mencionar El Club de los Cinco. The Painter and the Thief, de Benjamin Ree, no es simplemente un gran título, sino una película sobre dos amigos que pertenecen a mundos diferentes. La cinta ha recibido el Premio especial del jurado a la narración creativa en el Festival de Cine de Sundance, donde formaba parte de la Competición World Cinema Documentary, antes de aterrizar en la sección Bright Future del Festival Internacional de Cine de Róterdam.

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La historia comienza como cualquier película de atracos que se precie, con un robo escandaloso. En el año 2015, dos pinturas fueron robadas de la Galería Nobel en Oslo. Ree enfatiza el carácter profesional del trabajo, ya que los ladrones sacaron cuidadosamente todos los tornillos que sujetaban el lienzo al marco, lo que según la película les habría llevado más de una hora. La sensación de que se trataba de un trabajo por encargo se ve reforzada por el hecho de que ambas pinturas pertenecen a la artista Barbora Kysilkova, residente en Oslo. Por el momento, parece un argumento sacado de Ocean's Eleven.

No obstante, las cosas comienzan a volverse un poco extrañas. Uno de los ladrones fue capturado poco después y afirmó que no tenía ni idea de lo que había hecho con la pintura robada, alegando que la noche del robo actuaba bajo los efectos de las drogas y no recordaba nada. Kysilkova acude al juicio en busca de respuestas, y durante un descanso le pregunta al acusado: "¿Puedo hacerte un retrato?".

Ree, que había dirigido previamente un documental sobre el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos, Magnus Carlsen, escuchó la historia y decidió contactar con la artista. El prólogo de la película está narrado mediante una mezcla de voz en off, pinturas, vídeos de vigilancia e imágenes de las distintas localizaciones. El director emplea técnicas narrativas ingeniosas para que la historia avance hacia delante y hacia atrás en el tiempo, transmitiendo la sensación de que está imponiendo la trama, en lugar de contarla de forma orgánica. ¿Hay algo real en el mundo del arte? El hecho de que esta manipulación no sea importante se debe a que el robo es la parte menos emocionante de esta historia. El drama judicial ni siquiera incluye el veredicto final. La forma en la que la película pasa por alto mucha información puede resultar frustrante para los espectadores, provocando un sentimiento de desconexión en aquellos interesados en seguir una trama en lugar de un estudio de los personajes.

La pintora, Kysilkova, y el ladrón, Karl-Bertil Nordland, son auténticas rarezas. Ree comienza a filmarlos después de su cuarto encuentro, y observa la conexión entre ellos. Lo interesante es que ambos tienen una personalidad autodestructiva, lo cual les ayuda a empatizar. La artista de origen checo mantiene una relación complicada con su enigmático marido. Mientras tanto, Nordland parece un cachorro en el cuerpo de un pit bull. Sus lágrimas al ver su retrato por primera vez, y la colección de arte en general, nos hacen preguntarnos si realmente somos los protagonistas del gran engaño.

The Painter and the Thief es una producción de Medieoperatørene (Noruega), coproducida por VGTV con el apoyo del Norwegian Film Institute. Las ventas internacionales de la cinta corren a cargo de Autlook Films.

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(Traducción del inglés)

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