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BERLINALE 2020 Panorama

Crítica: Petite fille

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- BERLINALE 2020: El documental de Sébastien Lifshitz, conmovedor y edificante, refleja la lucha contra la rigidez de las normas sociales frente a la cuestión de género

Crítica: Petite fille

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, de Sébastien Lifshitz, a suscitar un interés desmesurado, excepto por la curiosidad cinéfila de ver cómo aborda esta temática un director de documentales con un talento indiscutible. Fue un bonito error de apreciación, ya que la película, estrenada en la sección Panorama de la 70ª Berlinale, se revela como una obra sorprendente e instructiva sobre la disforia de género o, dicho de otra manera, la angustia de la persona transgénero frente a un sentimiento de inadecuación entre el sexo asignado y su identidad de género. Una angustia muy conmovedora porque la experimenta una niña de ocho años, una pequeña que se enfrenta a la violencia de un mundo que no acepta su diferencia, apoyada por una familia unida y, sobre todo, por una madre combativa que supera sus propias dudas para privilegiar la felicidad de su hija.  

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“Yo no sé en qué ofendo a la gente. ¿Si en un papel no estuviese escrito “sexo masculino”, quién se daría cuenta?”. La madre de Sasha está al borde de las lágrimas, oscilando entre la cólera y la desesperación. Lo que ella veía como un capricho (“cuando sea mayor, seré una chica”) cuando su hijo tenía tres años, se ha convertido en sufrimiento cinco años después: Sasha es rechaza en el colegio tanto “por los chicos por ser demasiado femenina como por las chicas por ser demasiado femenina para ser un chico”. La madre, que ha tomado consciencia poco a poco (después de informarse por su cuenta en su pequeña ciudad de provincia francesa) y ha aceptado la situación, culpabilizándose por su posible responsabilidad (soñaba con tener un niño durante el embarazo) y asumiendo que la existencia de Sasha no será fácil, se dirige furiosa a la institución escolar (“se me ha dicho que soy yo la que presiona a Sasha a ser una niña”, el director le aconseja “volver al camino correcto”), donde surgen amenazas con los servicios sociales. Hasta el día en que la chica y su madre toman el tren a París y consultan al servicio especializado en psicopatología infantil y adolescente del hospital Robert-Debré. Con la confirmación de que no están locas, esperan que Sasha pueda volver al colegio como una niña. Pero están lejos de ganar la partida…

El documental, muy bien dirigido por el prometedor director de fotografía Paul Guilhaume, pinta un retrato muy emotivo de una niña analizada con una gran delicadeza en sus juegos de niña y en sus clases de danza, dando la palabra a su madre coraje para evocar la vida cotidiana y los retos de una cuestión de género que es, en realidad, una cuestión de derecho o no a la felicidad.

Petite fille ha sido producida por la sociedad francesa Agat Films & Ex Nihilo y coproducida por la danesa Fine Cut For Real con el apoyo de Arte France, entre otros. mk2 Films gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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