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Crítica: Fadma, même les fourmis ont des ailes

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- La película de Jawad Rhalib sigue la emancipación de las mujeres de una pequeña aldea del Alto Atlas, liderada por una urbanita que vuelve al pueblo de vacaciones

Crítica: Fadma, même les fourmis ont des ailes

Fadma, même les fourmis ont des ailes [+lee también:
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, el nuevo documental de Jawad Rhalib (Au temps où les Arabes dansaient [+lee también:
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), se ha presentado en competición en la sección International Spectrum del festival de documentales canadiense Hot Docs, que este año se celebra online.

En una pequeña aldea situada en el Alto Atlas, la comunidad realiza sus tareas cotidianas. Las mujeres lavan, ordenan, cocinan y se ocupan de los niños y de los animales. Los hombres trabajan, cultivan, duermen la siesta, trabajan el campo y van al café. Dos veces al día, las mujeres bajan a la fuente a buscar agua para el pueblo. Rhalib nos invita a presenciar una auténtica prueba física. Observamos su esfuerzo y sentimos con ellas la necesidad de una pausa, de recuperar el aliento y el sentido.

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Arriba, los hombres esperan. Los hombres y Fadma. Fadma se parece a las demás mujeres, no hay ninguna diferencia a simple vista. Pero Fadma vive en Casablanca con su marido y su hija. Viene al pueblo de vacaciones. Y lo que busca es descanso, no sumarse a las agotadoras tareas de sus congéneres. Además, opina que los hombres también deberían ayudar en el aprovisionamiento de agua, algo que no parece preocuparles. O mejor aún, buscar la forma de traer el agua hasta el pueblo.  

En pocos días, Fadma siembra el caos en la comunidad. El cineasta dibuja el retrato de una agitadora, que viene a hacer tambalear los fundamentos de un sistema secular. Les habla a las mujeres y las hace hablar. ¿Quién hace qué en el pueblo? ¿Ayudan ellas a los hombres en sus tareas agrícolas? ¿Se encargan ellas exclusivamente de cuidar el hogar y la familia? Y cuando los hombres duermen la siesta, ¿qué hacen ellas? La desigualdad en el reparto de las tareas salta a la vista, pero habrá que iniciar un diálogo complicado entre hombres y mujeres. Fadma toma la iniciativa e invita a su marido, que la anima a seguir su reivindicación en su apartamento de Casablanca. Pero teme la mirada de sus hermanos. Y le advierte: “Aquí no estamos en Suecia”.

“La mujer no es igual al hombre, aquí es así”. Cuando el diálogo fracasa, las mujeres toman una decisión: hacen huelga en la cocina, una huelga que para los hombres es una declaración de guerra. Prefieren comer mal a ceder, y la cafetería del pueblo sale beneficiada. Pero la situación no puede seguir así y, con el paso de los días, hombres y mujeres comprenden que habrá que hacer concesiones para llegar a un acuerdo. Los últimos debates se hacen a puerta cerrada. ¿Fadma y su marido lograrán su cometido? Y lo más importante, ¿qué pedirán al año siguiente?

Jawad Rhalib representa con humor y agudeza esta guerra de los sexos en los Atlas. Su heroína, Fadma, habla alto y tiene el don de la palabra. No se deja convencer ni por su marido, ni por los hombres del pueblo, ni por las mujeres más tímidas. Esta inmersión de unas semanas en los misterios de un pueblo en ebullición ofrece una mirada certera sobre una sociedad marroquí en plena mutación. Con calma y determinación, Fadma se impone como una heroína emancipadora que obra un cambio beneficioso y que, sobre todo, pone en movimiento a toda la comunidad.

La película ha sido producida por Kristin Migeotte para R&R Productions, y coproducida por Hassan Benjelloun para Bentaqerla (Marruecos).

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(Traducción del francés)

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