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PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia / México

Crítica: Tijuana Bible

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- Declive y redención en los bajos fondos de la ciudad fronteriza mejicana. Una interesante ficción documental del francés Jean-Charles Hue con un sorprendente Paul Anderson como protagonista

Crítica: Tijuana Bible

En la zona desértica al pie del “muro” que separa México de Estados Unidos, un hombre blanco demacrado mata a un perro salvaje con una cuerda y cebo. Después, se desplaza a Tijuana a pie y en bus, vende los restos en la parte trasera de un restaurante de un barrio marginal (mendigos, lisiados, prostitutas, etc.), se compra un poco de cristal y se encierra en la habitación de un motel para evadirse en el humo… Bienvenido a la zona norte de la peligrosa ciudad mejicana, a las calles más desamparadas de una metrópoli famosa en el mundo entero por sus sangrientos asesinatos, sus desapariciones en masa y sus narcos haciendo la ley. Este es el escenario “infernal” elegido por el cineasta francés Jean-Charles Hue para Tijuana Bible [+lee también:
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, una ficción en lengua inglesa, áspera e incómoda, que se estrena hoy en los cines franceses (distribuida por Ad Vitam), seis años después de la desconcertante Clan salvaje [+lee también:
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(atracción de la Quincena de los Realizadores 2014).

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Una nueva experiencia en los límites para un director que literalmente se funde con sus temáticas, que adora trabajar en un terreno documental con contrastes muy fuertes y que conoce perfectamente los barrios con peor fama (que dicen mucho) de Tijuana por haber vivido allí en varias ocasiones, lo que le ha permitido grabar en lugares muy peligrosos (como el canal donde no es raro encontrar cadáveres) y construir, más allá de los papeles principales, un casting de “mutilados” locales (algunos de ellos perdieron la vida de forma violenta después de la grabación).

En cabeza de cartel, uno de los pocos actores profesionales de este equipo salvaje, el inglés Paul Anderson (Arthur Shelby en la serie Peaky Blinders), que está perfectamente adaptado a la atmósfera general, con su silueta esquelética de yonki en el papel de Nick, un exmarine estadounidense traumatizado por el conflicto iraquí y refugiado en los paraísos artificiales y el vagar por las noches calurosas de Tijuana. Nick, perfectamente integrado en la vida del barrio donde sobrevive como un muerto viviente que sólo se activa para comprar dosis que le permitan seguir matándose, es obligado por el inquietante Caín local (Noé Hernandez) a vigilar e intentar disuadir a Ana (Adriana Paz), una mujer que hace una investigación, foto en mano, para encontrar a su hermano desaparecido en los alrededores. Entre mentiras, exploraciones, descubrimientos, creencias (“ella habla con los muertos”), visiones y amenazas, Nick se implicará mucho más de lo que pensaba…

Tijuana Bible (un título que alude a cierto tipo de cómics porno) es un retrato sin concesiones sobre la muerte que ronda por los lugares donde reinan la droga, la degradación, la extrema pobreza y la violencia; irrigado por una fuerte fe cristiana en la posible redención del peor de los pecadores, una religiosidad que llega incluso a los narcos más crueles. Paradojas y ambigüedades a lo Teniente corrupto en las que también se debate el director, cuya cámara se sigue al personaje zigzagueante de Nick mientras cruza escenarios extraordinarios (un terreno baldío lleno de trozos de vidrio reverberante) y se encuentra en su camino a varios freaks atrapados en el hambre y la dependencia: la solidaridad puntual puede salir muy cara. Un cuadro bastante rígido cuyo hilo argumental no busca complicaciones en el caos ambiental, y que no gustará a las almas demasiado sensibles, pero que confirma el carácter artístico excepcional de Jean-Charles Hue y el interesante dúo muy que forma con el director de fotografía Jonathan Ricquebourg.

Tijuana Bible ha sido producida por Les Films d’Avalon, y coproducida por Ad Vitam, Chaos Corp, los mejicanos de La Torre y el Mar. Orange Studio gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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