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VENECIA 2020 Orizzonti

Crítica: L'Homme qui a vendu sa peau

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- VENECIA: Kaouther Ben Hania crea un relato audaz, apasionante y edificante sobre la libertad, que contrapone el tema de los refugiados y el mundo del arte contemporáneo

Crítica: L'Homme qui a vendu sa peau

“Yo puedo ofrecerte una alfombra voladora para viajar libremente”. Sam Ali, el protagonista sirio de L'Homme qui a vendu sa peau [+lee también:
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, de Kaouther Ben Hania, acepta un pacto faustiano. La película se ha estrenado en la sección Orizzonti de la 77ª edición de la Mostra de Venecia. El joven, impulsivo y orgulloso, se encuentra exiliado en Beirut y sueña con llegar a Bruselas para encontrarse con la mujer que ama, por lo que “se transforma en una especie de mercancía para recuperar su libertad y humanidad”: un artista provocador, conocido por convertir “objetos que no valen nada en objetos valiosos”, le tatúa una visa Schengen en la espalda y Sam se compromete por contrato a una disponibilidad absoluta para las exposiciones, de las que se lleva un tercio de los ingresos por ventas. Champán, caviar, notoriedad, dinero: le susurran que el mundo le pertenece pero, en realidad, ¿se pertenece él a sí mismo?

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Para esta impresionante historia sobre el cruce de dos realidades extremas (la supervivencia y las dolorosas esperanzas de un exiliado frente al lujo, que roza la futilidad, de los círculos internacionales del arte contemporáneo), la directora tunecina, experta en la exploración de hechos instructivos (La Belle et la meute [+lee también:
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), se inspiró en la exposición de Tim Steiner, un suizo tatuado en 2008 por el artista belga Wim Delvoye (que también aparece en la película, en el papel de un agente de seguros que deja claro que en caso de muerte de Sam Ali, “el cáncer está bien” pero una explosión no).

Al combinar este tema con la trayectoria de un refugiado enamorado, la cineasta ofrece una historia muy interesante: la huida de Sam (Yahya Mahayni) de Siria, acusado por error de ser un revolucionario (sólo estaba declarando su amor a Abeer), su paso por Beirut como obrero en una planta de producción de aves de corral, su encuentro fortuito con el célebre artista Jeffrey Godefroi (Koen de Bouw) y su mano derecha, Soraya (Monica Bellucci), el trato del tatuaje y su viaje a Bruselas, donde es expuesto en un podio, y su complicado reencuentro con Abeer (Dea Liane), que está casada con un antipático diplomático sirio. Desventuras donde surgen espinosas cuestiones de identidad y en las que Sam toma consciencia de su esclavitud, pero también descubre una forma de poder…

L'Homme qui a vendu sa peau, muy bien interpretada, explota a la perfección las elipsis para desarrollar su argumento y se despliega en un estilo visual que juega con los contrastes, en una atmósfera singular creada por el director de fotografía Christopher Aoun. Un envoltorio extraño que refleja con exactitud las problemáticas y crueles paradojas de un sistema donde “todo tiene un precio”, incluidos los seres humanos, y su lucha por la libertad.

L'Homme qui a vendu sa peau, ha sido producida por la compañía francesa Tanit Films, la tunecina Cinetelefilms, los alemanes de Twenty Twenty Vision, los belgas de Kwassa Films y los suecos de Laika Film & Television. Bac Films gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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