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VENECIA 2020 Orizzonti

Crítica: Zanka Contact

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- VENECIA 2020: El primer largometraje de Ismaël El Iraki es un provocador "tajine western" ambientado en Casablanca sobre dos almas superando el trauma a través del amor y el rock and roll

Crítica: Zanka Contact
Said Bey en Zanka Contact

Presentada en la sección Orizzonti del Festival de Cine de Venecia, Zanka Contact, la ópera prima de Ismaël El Iraki, cuenta con una pareja protagonista que recuerda a los Sailor y Lula de Corazón Salvaje, o a los Cahit y Sibel de Contra la pared [+lee también:
tráiler
ficha del filme
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. Rajae (Khansa Batma), una prostituta, y Larsen (Ahmed Hammoud), una antigua estrella del rock, se conocen, se enamoran y deben huir de la ciudad, perseguidos por un matón y un proxeneta. De alguna forma, a pesar del rastro de destrucción que dejan a su paso, los dos amantes alcanzan una catarsis y una mejor comprensión de sí mismos a través de esta turbulenta relación, dejando atrás algunos hábitos autodestructivos en el camino.

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El hecho de que nos recuerde a David Lynch y Fatih Akin también es un indicativo de que estamos ante una película que se desarrolla como una divertida montaña rusa, con personajes extremos, algunos al borde de la caricatura, que están preparados para acompañarnos en un viaje lleno de buena música, choques culturales y traumas psicológicos.

Zanka Contact demuestra su amor por las películas de género con su guitarra eléctrica. La secuencia de apertura tiene elementos del mayor fanático de las películas de serie B, Quentin Tarantino. Una Rajae borracha asusta a un islamista cuando se sube a un taxi en Casablanca y comienza a contar un chiste. Batma, una estrella de la música marroquí cuya cautivadora interpretación guía toda la película, ofrece un personaje fuerte, atrevido e ingenioso, cuya dureza exterior oculta una tragedia de su adolescencia. Su estado autodestructivo se ve agravado por la sociedad patriarcal en la que vive, que divide a las mujeres entre vírgenes y prostitutas.

Mientras tanto, en Londres, Larsen vive atormentado por una deuda de juego. El problema se resuelve cuando este adicto a la heroína, que una vez tuvo sus 15 minutos de fama, renuncia a los derechos de su catálogo musical y acepta exiliarse en Casablanca. Una vez allí, Iraki ofrece una mirada limpia sobre Marruecos, alejada del orientalismo, con una Casablanca que mezcla lo moderno y lo tradicional. Filmada en 35 mm por Benjamin Rufi, la fotografía busca aportar a las localizaciones un brillo resplandeciente y vibrante. Si a esto le sumamos el fabuloso vestuario, estamos ante un lugar que las revistas de moda describirían como "shabby chic".

Además, Iraki (graduado en La Fémis) se muestra especialmente inspirado a la hora de filmar la música. Ya sean Larsen y Rajae cantando en un espacio íntimo, o un concierto con los rockeros alemanes Kadavar, el cineasta captura la magia de ver actuaciones en vivo. Iraki no tiene miedo de alargar una escena para dejar que se reproduzca una canción, dejando que sus compases marquen el ritmo de la historia, en ocasiones desigual. Cuando un director elige filmar de esta forma, es mejor que la banda sonora merezca la pena, y Zanka Contact no defrauda en este sentido: se trata de una mezcla ecléctica de canciones originales de los compositores Alexandre Tartiere y Neyl Nejjai, que incluye temas de Nass El Ghiwane, Bobby “Blue” Bland y Les Variations. La música, al igual que la ciudad, es una mezcla de estilos e historias diferentes. Las melodías se convierten en el núcleo conmovedor de la obra, mientras las cuerdas vocales de Rajae se combinan con la guitarra de Larsen, demostrando que su destino era encontrarse, y que juntos serán capaces de superar sus pasados traumáticos.

En lo que se refiere a la acción, el proxeneta Said (Said Bey), descontento por que la mujer encuentre su propia voz, lidera la persecución en este tajine western. Los amantes se encuentran con enemigos en cada esquina, mientras se mueven entre clubes subterráneos y escondites en el desierto. Imagínense una película de Robert Rodríguez ambientada en Marruecos. Es deliberadamente exagerado, por lo que la recomendación es simplemente dejarse llevar. De lo contrario, los elementos de género pueden resultar demasiado molestos antes de que la historia se adentre en el territorio de Sergio Leone con un grandioso final.

Zanka Contact es una producción de la francesa Barney Production y la marroquí Mont Fleuri Productions, coproducida por la belga Velvet Films. True Colours vende la película al extranjero.

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(Traducción del inglés)

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