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SAN SEBASTIÁN 2020 New Directors

Crítica: Spagat

por 

- El primer largometraje del suizo Christian Johannes Koch desvela las bambalinas de una sociedad aparentemente perfecta

Crítica: Spagat

La 68ª edición del Festival de Cine de San Sebastián —en concreto, la sección New Directors— verá al joven director Christian Johannes Koch presentar su primer largometraje, Spagat [+lee también:
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, que trata el tema de la inmigración desde un punto de vista bastante original. Es un tema que ha sido explorado por varios directores suizos (sobre todo documentalistas) en épocas recientes, pero la película de Koch consigue ir más allá de los hechos para combinar ficción y realidad de una manera coherente y atractiva.

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En primer lugar, Spagat se centra en la aparentemente tranquila vida de Marina, la protagonista femenina de la película (Rachel Braunschweig), y más tarde en el protagonista masculino, Artem (Alexey Serebryakov) y la complejidad de su vida cotidiana. Sin revelar de inmediato el lado oculto de esta relación ilegal y sus implicaciones, Spagat desvela poco a poco las relaciones entre los diferentes protagonistas antes de ofrecer una descripción general de una situación poco común.

La película podría resumirse en una de las primeras frases que Artem le dice a Marina: “¿Le has hablado a alguien de mí?”. Es una pregunta retórica que sólo puede obtener una respuesta negativa en forma de palabras poéticas: “Les he dicho a todos que tú eres mi pequeño secreto”. Entre ellos hay un muro que nada ni nadie puede o debe derribar: por un lado, está la libertad (el trabajo de Marina, su marido y su hija adolescente) y en el otro, está la ilegalidad (el trabajo precario, Ulyana, la hija gimnasta de Artem, y sus muchos secretos); dos caras de la misma moneda que se alimentan una a otra pero que nunca se encuentran porque así deben ser las cosas.  

Es decir, hasta que se cae la máscara y el lado malo de la relación entre Marina y Artem queda al descubierto. El detonante de ese cambio es Ulyana, que es sorprendida robando en una tienda en un intento de evitar que su padre le impida ir a clases de gimnasia por sospechar que ha robado (como sugirió Marina) los auriculares de su compañero de clase. Su padre intenta ayudarla pero cuando el encargado de la tienda les pide su identificación (que ninguno de los dos tiene debido a su condición de inmigrantes ilegales ucranianos), la situación se descontrola. A la fuga, sin trabajo (Artem es herido en el hombro) y sin hogar, padre e hija son expulsados de la sociedad. Al descubrir su situación, Marina se encuentra en una encrucijada: ¿debería ayudar a Artem y a Ulyana y arriesgarse a ser descubierta o retirarse a los confines de su cómoda vida y no dejar que su conciencia se apodere de ella? La pasión que la ha unido a Artem hasta ese momento empieza a adquirir un tono de culpabilidad que convierte su relación en otra más compleja y franca. El juego constante entre las perspectivas poco éticas de los dos protagonistas le da a la película un componente interesante: por un lado, se anima a los espectadores a identificarse con los problemas de Artem; pero por otro, sienten una atracción perversa hacia la alternativa tranquilizadora que representa Marina. ¿Qué haríamos en su lugar? Entre la indignación y el oportunismo, Spagat nos obliga a ponernos en el lugar de ambos y nos da la libertad de tomar nuestras propias decisiones. Con sus múltiples planos largos, la cámara destaca todavía más la imposibilidad de Artem de tomar posesión del espacio que lo rodea. Pero, como bien demuestra la película, hasta las sombras esconden experiencias ricas y complejas con las que uno debe llegar a un acuerdo tarde o temprano. 

Spagat ha sido producida y será vendida por CognitoFilms.

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(Traducción del italiano)

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