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LONDRES 2020

Crítica: Shadow Country

por 

- Un pequeño pueblo checo analiza su alma antes y después la II Guerra Mundial en el poderoso drama en blanco y negro de Bohdan Sláma

Crítica: Shadow Country
Magdaléna Borová en Shadow Country

En estos tiempos peligrosos en los que vivimos nos encontramos con una fértil cosecha de nuevas películas que reflejan horrores y atrocidades del pasado, pero que tienen una relevancia apremiante en la actualidad. Es imposible ver Shadow Country [+lee también:
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, el ambicioso drama histórico de Bohdan Sláma, y no interpretarlo como una advertencia sobre el futuro, a pesar de lo bien que recrea la confusión del periodo de posguerra. Estrenada ya en su país de origen, la República Checa, la cinta llega a los cines eslovacos este viernes de la mano de Filmtopia, antes de participar en el Festival BFI de Londres la próxima semana.

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es el tipo de película que requiere un texto introductorio en pantalla para ayudarnos a comprender la historia, ya que los eventos que estamos a punto de ver son poco conocidos incluso en la sociedad checa actual (para más detalles, pueden leer las noticias sobre la producción de la cinta), y mucho menos en otros países. El verdadero logro de Sláma es conseguir hacer comprensible el denso flujo de incidentes, logrando un equilibrio impecable entre un primer plano impulsado por los personajes y un trasfondo histórico.

El cineasta muestra el desplazamiento de la vasta población alemana de Checoslovaquia después de la guerra. Su historia relata experiencias reales del pueblo de Tušť, ubicado en la peligrosa frontera checo-austriaca, desde finales de la década de 1930 hasta 1950. En ese momento, Tušť estaba poblado por personas de ascendencia checa, alemana y judía, que a veces evitaban los conflictos, pero a menudo se mostraban en desacuerdo. Se trata de un retrato de una población vulnerable, en toda su diversidad, que se convierte en chivo expiatorio para la agresión política y militar.

Al empezar la película con un bautismo, Sláma y su talentoso guionista Ivan Arsenyev presentan el contexto social de la historia, recreando la aldea ficticia de Schwarzwald para reemplazar a Tušť y otros enclaves similares. Magdaléna Borová es la tranquila y decidida Veberová, que da la bienvenida a un hijo con su esposo Karel (Stanislav Majer), un hombre de origen alemán que presiona a la aldea para que declare su lealtad al Reich. Josef (Csongor Kassai), un checo casado con una mujer judía, observa impotente cómo Schwarzwald acoge al comando nazi local, que concede a la aldea subsidios agrícolas a cambio de su lealtad. Josef forma un pequeño movimiento de resistencia, pero acaba siendo desterrado a un campo de concentración, donde logra sobrevivir hasta el final de la guerra.

Su regreso vengativo al pueblo coincide con la llegada de la resistencia checa, ahora leal a los soviéticos, que aplica una especie de política de “tierra quemada” en las zonas anteriormente ocupadas. Los colaboradores nazis sufren las represalias, así como otros habitantes que no tuvieron responsabilidad en los crímenes de guerra.

Shadow Country puede compararse ampliamente con obras como Sátántangó o La cinta blanca [+lee también:
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, ambas representaciones en blanco y negro de comunidades en peligro, que se convierten en emblemas del turbulento cambio político. No obstante, esta película sigue un camino más escrupuloso y realista, con la intención de reafirmar el registro histórico, en lugar de componer una poesía oscura. Sláma ha dirigido trabajos recientes para televisión, y es fácil imaginar esta historia floreciendo a lo largo de seis horas, en lugar de sus dos horas de duración, durante las cuales vemos cómo el drama humano se ve superado por un acoso militar, alternativamente del Este y el Oeste. Volviendo a la imagen de los títulos en pantalla, la película presenta años cargados de malos presagios: los intertítulos "1938" y "1945" se precipitan en la pantalla, en fragmentos inquietantemente compactos de apenas 30 minutos, en los que la eficiencia comienza a pasar factura al relato. Aún así, el trabajo de Sláma y Arsenyev muestra todo el esfuerzo realizado a lo largo de un período de investigación que duró ocho años, logrando que nunca dudemos de la autenticidad de lo que vemos en pantalla.

Shadow Country es una coproducción checo-eslovaca producida por Jindrich Motyl y Martin Ruzicka para Luminar Film. La cinta ha sido coproducida por Česká televize y Filmpark.

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(Traducción del inglés)

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