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SEMINCI 2020

Crítica: Nieva en Benidorm

por 

- Isabel Coixet anega de tanta melancolía su última película que ésta no consigue respirar abiertamente ni como trama de suspense ni como historia de amor madura

Crítica: Nieva en Benidorm
Timothy Spall en Nieva en Benidorm

No se le puede objetar a la inquieta Isabel Coixet falta de sentido del riesgo, la experimentación y la diversidad. Basta recordar su filmografía para comprobar que se atreve con todos los géneros, estilos y formatos. Y con ese espíritu aventurero, como aquella Juliette Binoche de Nadie quiere la noche [+lee también:
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, uno de sus mejores trabajos, no ceja en su empeño de alcanzar nuevas latitudes en su carrera, aunque por el camino se encuentre algún alud imprevisto. Le sucedió en su anterior largometraje Elisa y Marcela [+lee también:
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, y vuelve a suceder –aunque nos duela a sus leales seguidores– en Nieva en Benidorm [+lee también:
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, largometraje que inauguró la edición número 65 de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

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En esta ocasión la cineasta catalana ha viajado a la peculiar ciudad balneario del título: ubicada a orillas del Mediterráneo, el “Nueva York alicantino” es un fascinante crisol de culturas, edades y estilos de vida, pues allí se codean jubilados hedonistas, despedidas de soltería y juventudes en busca de fiesta, sexo y sol. Es un micro país de las maravillas donde todo es posible, por eso Coixet ha llevado hasta sus rascacielos y arenas al protagonista de su nuevo largometraje, encarnado por el actor inglés Timothy Spall.

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–con algunos kilos menos que en el biopic firmado por Mike Leigh– encarna a un hombre bueno, pero de vida no tan estupenda: trabaja en una entidad financiera de Manchester, denegando préstamos a quien realmente los necesita y concediendo créditos a aquél que puede sufragarlos. Lleva pues las paradojas de nuestra vida contemporánea estampadas en el alma: además, es un fanático creyente en la climatología y confía en el pronóstico que del tiempo ofrecen cada día los distintos medios de comunicación.

Hasta que un giro del destino le hace perder su aparente estabilidad y decide salir en busca de su hermano, quien hace años que reside en España. Allá se verá involucrado en una investigación de resultado incierto y conocerá a mujeres que le harán plantearse su vida: una policía (Carmen Machi) que –contra todo cliché– ama la poesía y una vedette del burlesque (Sarita Choudhury) que oculta perlas en su sensual anatomía.

Aferrada a estos seres solitarios y bajo la luz resplandeciente y cambiante del Levante español, la merecedora del Premio Nacional de Cinematografía 2020 ha intentado narrar una historia de reinvención (escrita por ella misma) que no acaba de posicionarse ni como intriga ni como comedia romántica. Esa falta de impulso e indefinición, más una puesta en escena descafeinada y, por momentos, inane, perjudica a unos personajes que, aunque estén poseídos por esa melancolía marca de la casa, piden más fuerza, vigor y pasión, para que el público no sólo se identifique con ellos y los quiera, sino sobre todo para que entienda sus derivas afectivas y vitales.

Nieva en Benidorm es una producción de Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar y Esther García (El Deseo), que cuenta con la participación de RTVE, Movistar +, entre otros. De sus ventas internacionales se encarga Film Factory Entertainment y llegará a las salas de cine españolas de la mano de BTeam Pictures.

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