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IDFA 2020

Crítica: White Cube

por 

- La esperada secuela de Enjoy Poverty de Renzo Martens explora lo que el mundo del arte puede ofrecer a los antiguos trabajadores de las plantaciones congolesas

Crítica: White Cube

Garantizar que se valore como es debido a las personas que trabajan la tierra es algo que resuena con las ideas contemporáneas de sostenibilidad. Sin embargo, el hecho de que el arte pueda ser un medio para conseguirlo tal vez no sea lo primero que nos viene a la mente. El artista holandés Renzo Martens lo demuestra con su película White Cube [+lee también:
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. En esta esperada secuela de Enjoy Poverty (2008), el director cierra el círculo al revelar cómo la clase trabajadora puede beneficiarse del arte, en lugar de ser víctimas: el resultado es la gentrificación invertida en la República Democrática del Congo. White Cube tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (IDFA) como parte de la Sección Oficial y la Competición al Mejor Documental Holandés.

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La película explora los mecanismos neocoloniales que provocan una acumulación unilateral de la riqueza, al igual que en Enjoy Poverty, en la que el director colocaba un espejo incómodo frente al espectador, que asumía un papel neocolonial. En esta ocasión, el tono es más serio. Esto puede deberse a que su trabajo le ha llevado a darse cuenta de que él también se beneficia de este sistema. Cuando Martens proyectó Enjoy Poverty en la Tate Modern en 2012, Unilever era un importante patrocinador. La multinacional holandesa-británica ha explotado extensiones masivas en la República Democrática del Congo con sus plantaciones de aceite de palma. Estas salas de exhibición, o cubos blancos, se financian indirectamente con la sangre, el sudor y las lágrimas de los trabajadores de las plantaciones. A continuación, el artista se embarcó en otro proyecto: un nuevo marco conceptual construido alrededor de los desprevenidos trabajadores de las plantaciones congoleñas. En el momento en que le pide a estos trabajadores de Lusanga meter sus manos en la arcilla, nace el colectivo de artistas Cercle d'Art des Travailleurs de Plantation Congolaise (CATPC).

La película posee una cualidad auténtica, y podemos sentir la sinceridad con la que Martens se propone unir los extremos aparentemente distantes de estos dos mundos. En cierto modo, todo parece encajar, y cuando el trabajo de los nuevos artistas nos permite vislumbrar sus mundos interiores, las historias de explotación se vuelven más tangibles. Las esculturas explícitas que crean nos recuerdan a las historias de sus antepasados, y apestan a injusticia. Resulta conmovedor ver cómo el arte empodera a estas personas, que se embarcan en una espiral ascendente de autorrealización. Esto alcanza un punto culminante cuando el artista Matthieu Kassiama viaja a Nueva York para visitar una exposición de CATPC, donde comienza a abrazar y besar sus esculturas. Un sentimiento de superación que conecta con las cuestiones sobre la inclusividad en el mundo del arte y en nuestra sociedad. En la exposición, la prensa le pregunta a Kassiama si ha visto mucho arte antes, y todos sabemos la respuesta.

Las paredes lisas y blancas del cubo, así como su rigidez, generan un magnífico contraste entre la jungla congoleña y el mundo que están tratando de recuperar. Sin embargo, ¿tiene sentido su construcción tras el alegato de Martens? ¿Puede un museo atraer capital aunque esté situado en Lusanga? La película concluye con una mirada esperanzadora sobre el proyecto agroforestal del CATPC en las tierras empobrecidas que rodean el museo. Y sí, se trata de un proyecto financiado completamente por su arte, lo que nos aporta un íntimo sentimiento de esperanza. A medida que avanzan los créditos, nos damos cuenta de que nunca hemos visto el interior del cubo blanco. Al fin y al cabo, el arte es lo que nosotros decidimos que es. O quizás nunca se trató realmente de arte.

White Cube es una producción de Pieter van Huystee Film (Países Bajos), coproducida por Inti Films (Bélgica).

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(Traducción del inglés)

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