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FESTIVALES Dinamarca

Crítica: The Blue Orchid

por 

- En su primer largometraje, Carl Marott sigue a un joven fotógrafo en un misterioso viaje que lo obliga a romper sus relaciones personales en mil pedazos

Crítica: The Blue Orchid
Joachim Fjelstrup en The Blue Orchid (© Masterplan Pictures)

La ópera prima de Carl Marott, The Blue Orchid, es uno de los ocho títulos que participan en el CPH:PIX, el evento danés que exhibe talentos emergentes y valentía artística. El festival, que se iba a celebrar entre el 8 y el 13 de diciembre, se ha aplazado a 2021 debido a la decisión del país de cerrar los cines. Marott, graduado en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, obtuvo una nominación a la mejor película extranjera con su cortometraje The Oasis en los Student Academic Awards de 2014. 

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La historia de The Blue Orchid, escrita por el propio director y Hans Frederik Jacobsen (The Trouble with Nature [+lee también:
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), gira en torno al absurdo y desconcertante viaje metafísico de un joven fotógrafo comercial llamado Casper e interpretado por Joachim Fjelstrup (Wildland [+lee también:
crítica
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entrevista: Jeanette Nordahl
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, Erik’s War). El joven vive con su afectuosa novia, Mette (Julie Grundtvig Wester), y su socio estonio, Mattias (Mattias Naan). Juntos se ganan la vida a través de pequeños trabajos, pero Casper se siente insatisfecho y estancado en la vida. 

La película empieza con Casper y Matt trabajando en su estudio en uno de sus encargos independientes, mientras colocan unos comestibles sobre una superficie y se preparan para grabarlos para un anuncio. Un día, en una fiesta del sector, Caspar se encuentra con su viejo mentor, Nick (Ken Vedsegaard), que le presenta a un hombre que dirige un turbio negocio audiovisual. Casper es contratado y poco a poco se siente atraído por un extraño misterio   ̶y, en concreto, por una misteriosa mujer, interpretada por Shelly Levy ̶ que cambia por completo su sentido de la realidad y rompe sus relaciones.  

La división entre la vida real de Caspar y el oscuro universo al que accede cada noche, mientras se obsesiona con su “nuevo trabajo”, se refleja a través de una cinematografía bien elaborada (por Anders Nydam), que alterna imágenes tranquilizadoras color pastel en las escenas diurnas, con los tonos azules y rojos que pueblan los interiores nocturnos de la dimensión desconocida que el fotógrafo acaba explorando. La música original compuesta por Mads Forsby acentúa dicha división, y expresa una fuerte sensación de obsesión sexual y de angustia mental. Mientras tanto, Fjelstrup hace un buen retrato de este hombre indignado y desorientado que, poco a poco, pierde el contacto con la realidad. La presencia silenciosa de Levy es notable y encaja en las atmósferas eróticas y alucinógenas escenificadas por Marott.  

En definitiva, la ópera prima de Carl Marott es una experiencia interesante pero no logra distinguirse del montón en términos de originalidad narrativa. La sensación general es de un déjà vu, ya que la película recuerda vagamente al cine de Cronenberg y Lynch, pero no ofrece nada nuevo a los espectadores. Sin embargo, demuestra el talento del director a través de buenas interpretaciones y de una puesta en escena acertada. Quizás una narración más innovadora hubiese convertido a The Blue Orchid en una obra impactante y memorable; en concreto, la película siempre parece estar preparando el terreno para giros más grandes e inesperados que no llegan, y alcanza su final sin salir de la zona de confort habitual de “cuento de viaje”. 

The Blue Orchid ha sido producida por Paloma Productions en colaboración con Masterplan Pictures.

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