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PELÍCULAS / CRÍTICAS España

Crítica: Bajocero

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- El segundo largometraje de Lluís Quílez es un thriller carcelario y en ruta, que comienza rutinariamente pero dispara sus niveles de adrenalina y emoción en su segunda parte

Crítica: Bajocero
Javier Gutiérrez en Bajocero

Lluís Quílez, cineasta barcelonés y profesor de cine, asegura que con su segunda película, Bajocero [+lee también:
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, ha intentado recuperar el espíritu de los thrillers de los años setenta y ochenta del siglo pasado, de títulos como El diablo sobre ruedas, debut de Steven Spielberg, o Asalto a la comisaría del distrito 13, dirigido por John Carpenter. Sobre todo al primero de ellos recuerda alguna escena de esta obra de ambiente carcelario y alma de road movie, cuya acción transcurre en apenas unas horas y que también emparenta con títulos palomiteros de los noventa, como Con Air (Convictos en el aire), de Simon West, pues el traslado de unos peligrosos delincuentes sirve de arranque y detonante de este divertimento que se estrena simultáneamente, en 190 países, el viernes 29 de enero a través de Netflix.

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Película concebida en su origen para proyectarse en salas, será finalmente la popular plataforma de streaming la encargada de darla a conocer, dadas las limitaciones que la pandemia del covid-19 ha impuesto a los estrenos comerciales en todas partes. Pero, como asegura el propio Quílez, él mismo disfrutó, de niño, de grandes films en la pantalla pequeña: a través de los canales de televisión o de cintas de vhs alquiladas en su video club de barrio.

Bajocero, con guion escrito por su director junto a Fernando Navarro (Cosmética del enemigo [+lee también:
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, de Kike Maíllo, que ese mismo día estrenará, también directamente en internet, la web Filmin), comienza presentando a su protagonista, un hombre corriente, padre de familia, policía de profesión (encarnado por Javier Gutiérrez), a quien se encomienda la misión de recoger a unos presos y trasladarlos de centro penitenciario en un camión-celda blindado y de alta seguridad. Ahí comienza una peripecia que sigue el proceso habitual de este tipo de films: con unas pinceladas, hay que introducir a cada uno de esos peligrosos convictos: unos sujetos turbios con los que nadie se iría tranquilamente de excursión.

La aventura comienza y alguno de ellos... pero no vamos a desvelar más, porque, como hemos visto en demasiadas películas carcelarias -desde Papillón [+lee también:
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a Evasión o victoria, pasando por Cadena perpetua- a pocos bípedos les apetece dormir entre rejas. Y es precisamente en este aspecto de ansiar la libertad donde más flaquea Bajocero: porque se circunscribe dentro de los parámetros habituales y consabidos del mini género cinematográfico al que pertenece.

Mas a partir de la mitad de su metraje, este largometraje de vocación comercial, que transcurre durante una noche con sorpresas, empieza a alzar el vuelo emocional y adrenalítico, hasta culminar en un explosivo final: conclusión arriesgada, compleja y polémica que -como la de Seven, de David Fincher- apela a la ética personal y puede abrir un -encendido- debate tras su visionado.

Bajocero es una producción de Morena Films, Amorós Producciones, Radio Televisión Española y Netflix, que la estrena mundialmente. Ha contado con el apoyo de ICEC y de sus ventas se ocupa Film Factory Entertainment.

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