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SUNDANCE 2021 Competición World Cinema Documentary

Crítica: Sabaya

por 

- El perturbador documental de Hogir Hirori sigue a una organización de voluntarios que salva a mujeres yazidíes forzadas a ser esclavas sexuales por el ISIS

Crítica: Sabaya

Cuando hablamos de un conflicto tan complejo como la intervención militar contra el ISIS, es ingenuo suponer que la guerra termina después del principal enfrentamiento territorial. El documental Sabaya [+lee también:
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ficha del filme
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pretende arrojar luz sobre un ejemplo concreto de este estado de guerra perenne, concretamente el destino de las miles de mujeres capturadas y forzadas a la esclavitud sexual por el autoproclamado califato. Estas mujeres son conocidas como las sabaya, un término poco habitual en el discurso público sobre el ISIS (o Daesh). Estamos ante una obra impactante, más que un estudio exhaustivo, que ha cosechado un éxito notable en el Festival de Sundance, donde el cineasta sueco Hogir Hirori se ha hecho con el premio a mejor director en la Competición World Cinema Documentary (ver la noticia).

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Describir esta película como un documental observacional suena demasiado apacible, pero es exactamente lo que es. Para ser más precisos, estamos ante una película absolutamente inmediata, que se desarrolla en tiempo presente, haciéndonos partícipes de eventos realmente peligrosos a medida que suceden. Sin embargo, nunca sentimos que la cámara sea una presencia no deseada, ni que reste naturalidad a las situaciones. De hecho, los dos protagonistas de la película parecen demasiado ocupados para notar su presencia. Se trata de Mahmud y Ziyad, que dirigen el Yazidi Home Center en el noreste de Siria, una de las dos localizaciones principales de la película. Sirviendo de inspiración para el tipo de papeles heroicos interpretados por actores famosos en películas sobre zonas de conflicto, su trabajo consiste en localizar y rescatar a las sabaya, escondidas en las profundidades del extenso campo de refugiados de Al-Hawl, donde actualmente vive una gran cantidad de antiguos seguidores del Daesh. Su valentía resulta absolutamente inspiradora, aunque tal vez se trate solo de otra máscara para ocultar el trauma de la guerra.

El puesto de Hirori en esta organización es similar al de cualquier voluntario (el director es de origen kurdo, el otro grupo étnico perseguido brutalmente durante el conflicto). Hirori filma las incursiones nocturnas con la cámara al hombro, en situaciones arriesgadas, buscando a las mujeres que han sido previamente identificadas por espías, conocidas como "infiltradas", que se adentran en el campamento haciéndose pasar por seguidoras del Daesh. Observamos estas secuencias siendo perfectamente conscientes de que tanto los protagonistas como el cineasta corren un peligro de muerte. En este caso, la palabra “valor” casi parece demasiado insignificante. Posteriormente, las mujeres son trasladadas al centro para lo que podría describirse como una ‘desprogramación’, donde reciben un nuevo velo para deshacerse del burka. Todo ello realizado de manera casi ritual por Siham, la esposa de Mahmud.

Los testimonios que comparten estas supervivientes resultan desgarradores, convirtiéndose en los momentos más sinceros y humanos de la película. Leila, una mujer cuya familia fue asesinada delante de sus propios ojos, antes de ser obligada a casarse con un hombre del Daesh, confiesa que “odia el mundo” y que “pronto nos enteraremos de su suicidio”. Desgraciadamente, estos finales son muy comunes para las mujeres yazidíes que han sido despojadas repentinamente de su servidumbre. Posteriormente, descubrimos que muchas de las supervivientes regresan al campo como infiltradas para ayudar en otros rescates, lo que permite que el documental termine donde empieza.

Es una pena que los hombres encargados de organizar los rescates resulten tan opacos. No hay ningún detalle sobre sus antecedentes en el conflicto, ni ningún momento de reflexión sobre su trabajo. Esto se debe a que la película es, lamentablemente, tan solo un pequeño retrato de una crisis muy amplia que tendrá un gran impacto en las próximas generaciones.

Sabaya es una producción sueca a cargo de Lolav Media y Ginestra Film, coproducida por SVT. Dogwoof se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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