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TRIBECA 2021

Crítica: Wild Men

por 

- En la visión de Thomas Daneskov sobre la crisis masculina de mediana edad, es difícil querer ser un troglodita

Crítica: Wild Men
Rasmus Bjerg en Wild Men

Se necesitan unos minutos para entender qué está pasando exactamente en Wild Men [+lee también:
entrevista: Thomas Daneskov
ficha de la película
]
, la última rareza del danés Thomas Daneskov, proyectada en Tribeca, que comienza como una nueva versión de El clan del oso cavernario, de Michael Chapman. No obstante, aunque Martin (Rasmus Bjerg) parece disfrutar mucho de sus pieles, la ilusión no dura mucho, traicionada por un envoltorio de caramelo. En su cabeza, el hombre puede estar embarcado en una búsqueda para encontrar el fuego, pero los hechos son mucho menos atractivos: Martin está huyendo de su vida cotidiana, incapaz o sin ganas de continuar su existencia como esposo y padre. Y volviéndose un poco hambriento.

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Que el mundo necesite una nueva historia sobre hombres de mediana edad que quieren vivir en paz es cuanto menos discutible, pero las absurdas elecciones de Martin la convierten en un visionado agradable. En lugar de una moto nueva, el protagonista se hace con un arco (aunque no sepa realmente cómo usarlo), mientras que la fantasía de ser un tipo fuerte y silencioso, que vaga solitario en medio de la naturaleza noruega, se desvanece rápidamente. El pobre diablo todavía conserva su smartphone, y cuando el hambre aprieta, se dirige directamente a una gasolinera, ofreciendo su hacha a cambio de algunos comestibles. Sobra decir que nadie la quiere, y él no está contento.

Por otra parte, los delirios de Martin son de otro nivel. Cansado de sus responsabilidades y tareas cotidianas, el protagonista prefiere volver a una fantasía de su infancia, aunque esto tampoco sale bien. Se trata de una lucha entre el hombre que le gustaría ser y el que realmente es. Cada vez que le golpea la realidad, su decepción aumenta. Tras un accidente de coche y algunos procedimientos médicos caseros, finalmente consigue un compañero de aventuras: Musa (Zaki Youssef), gravemente herido y con una bolsa llena de dinero, que debería haber levantado algunas sospechas. Es curioso cómo alguien que se niega a abrirse con su esposa no para de hablar cuando Musa entra en escena, a pesar de que este sigue sangrando. Poco después, la policía también se pone en marcha, aunque el egocéntrico Martin cree que todo se debe a su fracaso en la estación de servicio.

Una vez comienza la calmada persecución, todo se derrumba, lo que lleva a un clímax que bien podría haberse proyectado a cámara lenta. Aunque no es demasiado profundo, lo cierto es que se trata de un universo divertido con toques “coenianos”, en el que perseguir a criminales se considera una molestia, no una aventura, y donde el único perro policía de la zona nunca está de servicio. En cuanto a los personajes femeninos, bueno, lo cierto es que no reciben tanta atención: no se enteran de nada, molestan a sus parejas para que tomen malas decisiones o directamente están muertas, el único acto que les hace ganar cierto respeto. Ellas son las “responsables”, como si eso fuera algo divertido, atrapadas en casa cuidando de los niños y de sus mascotas. Esperemos que a continuación sean ellas las que se adentren en la naturaleza. Ya va siendo hora.

Wild Men es una producción de la danesa Nordisk Film Spring, mientras que Charades se ocupa de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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