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CANNES 2021 Un Certain Regard

Crítica: Lamb

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- CANNES 2021: La cinta de Valdimar Jóhannsson es el tipo de Granjageddon que nadie pudo prever

Crítica: Lamb
Noomi Rapace en Lamb

¡Y pensar que hace tiempo adoptar un tocón (la parte del tronco que queda en el suelo unida a la raíz cuando se tala un árbol) parecía una idea de lo más descabellada! Cualquier película que tenga reminiscencias de la dulce El pequeño Otik, de Švankmajer, en la que una pareja decide criar un trozo de madera como si fuera fruto de su unión, ya ha cumplido. Sin embargo el largometraje con el que debuta Valdimar Jóhannsson, Lamb [+lee también:
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entrevista: Valdimar Jóhannsson
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, que se estrena en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, ofrece mucho más, incluida una muy pecosa Noomi Rapace con un arma en la mano y una historia que es conmovedora a pesar de toda la locura que es preferible no desvelar.

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En un principio todo parece engañosamente sencillo, por no decir demasiado sencillo: una pareja, Maria e Ingvar (Rapace y Hilmir Snær Guðnason), viven aislados en una granja. Viven felices, cuidando de sus animales y acostumbrados al aislamiento, o eso cree uno, así como a la conversación que desencadena que su tractor haga un ruido nuevo, y cuando se sienten un pelín más aventureros viajan en el tiempo. También les gusta apoyar el cine local, es evidente, y en su tiempo libre ven películas con Ingvar Sigurdsson, lo que debería ser normal. Pero lo que les falta es un hijo, como en muchos cuentos.

Tuvieron uno, como nos enteramos más adelante, no porque lo hablen entre ellos (ya se sabe que el dolor tiende a enmudecer a la gente y estos además nunca fueron muy charlatanes). Sin embargo, como dice la sabiduría popular, aunque no siempre no consigue lo que uno quiere, si lo intenta, a veces uno encuentra lo que necesita. Si bien en un principio tenga que luchar por ello.

A Jóhannsson parece fascinarle la expresión primaria de la maternidad, la que se basa en el instinto maternal pero también en la elección. A fin de cuentas, al final Rosemary eligió mecer a su bebé. Rapace plasma bien los celos de la maternidad, plantando cara a su rival aunque sabe perfectamente que lo que está haciendo no está nada bien. El conflicto que vemos aquí no difiere tanto del de, por ejemplo, La luz entre los océanos [+lee también:
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, sobre la desgarradora imposibilidad de desprenderte de algo de lo que ya te has apropiado, que ya has hecho tuyo y que ya has cuidado. Lamb puede llamar la atención por su sorpresa, pero el dolor que transmite es casi igual de potente.

También porque, en el caso de esta pareja, no hay otro camino, y aunque miren en otra dirección solo se toparán con el vacío. Resultaría casi ridículo hablar demasiado sobre la soledad, ya que la historia está enmarcada en Islandia. Sinceramente, cuando aparece un nuevo personaje, el impresentable hermano de Ingvar, resulta hasta violento. Él mismo se lleva una sorpresa, ¡pobre!, pero quizá eso sea lo más admirable de esta maravillosa peliculita: uno acepta los elementos más extraños y continúa hacia delante porque hay tareas pendientes y un tractor que hay que arreglar. El resultado es un maravilloso diálogo, uno de los más conmovedores escuchados en este festival:
“¿Qué coño es eso?”
“La felicidad”.

Lamb es una coproducción entre Islandia, Suecia y Polonia, en manos de Go to Sheep, Black Spark Film & TV y Madants, en coproducción con Film i Väst. Sus ventas internacionales las gestiona New Europe Film Sales.

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(Traducción del inglés por Marcos Randulfe)

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