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ARRAS 2021

Critica: Poulet frites

por 

- Yves Hinant y Jean Libon exploran los bajos fondos de la sociedad a través de una apasionante investigación policial que mezcla realismo implacable y humanismo benevolente más allá del determinismo

Critica: Poulet frites
Jean-Michel Lemoine en Poulet frites

“Yo intento comprender, te escucho, constato, escucho a los demás, y estoy obligado a poner unas cosas sobre otras y a comprender lo que ocurrió esa noche”. Después de la cautivadora Ni juge, ni soumise [+lee también:
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ficha de la película
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(que compitió en San Sebastián en 2017 y ganó el César al Mejor documental en 2019), el dúo belga Yves Hinant - Jean Libon ha elegido una investigación policial para desnudar metódicamente la miseria social sin ocultar su parte de humanidad, ni renunciar a la bondad, pero sin privarse del humor trágico y cotidiano. Pues, como reconoce de manera fatalista uno de los protagonistas del caso, “el mundo es así” en el documental Poulet frites, presentado en la sección Découvertes européennes del 22º Arras Film Festival.

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“En el plato de comida de la víctima, hay patatas fritas, algunas de ellas prácticamente intactas”; “—Si ella tiene patatas fritas, entonces le he dado patatas fritas. –Bélgica es el país de las patatas fritas, no me convence una declaración como esa. Ella tiene tus patatas fritas en el estómago. –Ah, vale. –No hay patatas fritas en su casa, ni una. Lo que me ha sorprendido es el tamaño, son exactamente las mismas, en la autopsia, es evidente”. Una mujer es asesinada a puñaladas en su casa y la brigada criminal, dirigida por el comisario Jean-Michel Lemoine, inicia una investigación. ¿El principal sospechoso? Alain, un toxicómano, vecino y expareja de la víctima; un hombre de 37 años que ha pasado 16 de ellos en prisión y que tiene el perfil de culpable ideal, pues sus conmovedoras negaciones (“¡si la hubiera matado, me acordaría!”) se ahogan en abismos de confusión y memoria comatosa agujereada por la droga. Interrogatorios muy tranquilos, entrevistas a testigos eventuales, búsqueda de indicios en la casa de la fallecida, análisis de las cámaras del barrio, confrontación de hipótesis entre los policías y la jueza Anne Gruwez (esta vez en un papel secundario con respecto al documental anterior de los directores, pero siempre truculento: “atención, señor Lemoine, no estoy preparada para apostar porque este tipo no tiene nada que ver con esto, pero mierda, mierda y mierda, todo encaja y eso, eso me molesta”): la duda se instala y la investigación evoluciona en varias direcciones…

A lo largo de su hilo conductor puramente policial, en los detalles cada vez más apasionantes y sorprendentes de la investigación, Poulet frites muestra con delicadeza y con mucha espontaneidad un retrato impactante del cuarto mundo de las metrópolis contemporáneas globalizadas (desarraigo, droga, metadona, migrantes hacinados en habitaciones, poco tráfico, estallidos de violencia, etc.). Un cuadro de doble fondo que los cineastas esbozan de forma progresiva en blanco y negro para mostrar la imagen de un mundo desheredado que ha perdido todos sus colores y vergüenza por los "Miserables" modernos a quienes los investigadores se empeñan en respetar con humanidad (algo que no excluye la astucia), pese a las apariencias negativas. Como escribía Victor Hugo en la cita que cierra la película, “Los que viven son los que luchan. A los otros, los compadezco”.

Poulet frites, producida por Le Bureau y Chez Georges Productions, ha sido coproducida por Artemis Productions y la RTBF. Apollo Films la distribuirá en los cines franceses, y The Bureau Sales gestionará las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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