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SUNDANCE 2022 Competición World Cinema Dramatic

Crítica: La vaca que cantó una canción hacia el futuro

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- La ecología, los motoristas fantasma y las granjas lecheras se entremezclan en la cinta de Francisca Alegría, felizmente extravagante hasta que se queda sin gasolina

Crítica: La vaca que cantó una canción hacia el futuro

Hay un placer incuestionable en el hecho de no tener ni idea de hacia dónde se dirige una película, y Francisca Alegría (premiada en Sundance por su corto Y todo el cielo cupo en el ojo de la vaca muerta) parece más que dispuesta a proporcionarlo. Comenzando con primeros planos de peces agonizantes que cantan una canción triste (son las últimas víctimas de la contaminación en un río de Chile) y una motorista emergiendo de las aguas envenenadas, donde ha estado atrapada durante décadas, La vaca que cantó una canción hacia el futuro [+lee también:
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establece rápidamente sus propias reglas. Es extraña y melancólica, y a veces no tiene ni una pizca de sentido.

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Es justo reconocer el trabajo de Alegría a la hora de conseguir que la película siga siendo un misterio hasta el final (explicar demasiado probablemente habría roto el hechizo). Magdalena (Mia Maestro), fallecida hace tiempo, regresa con sus hijos (ahora adultos) y su esposo (Alfredo Castro), que aparentemente la trató mal en el pasado, aunque la mujer no busca venganza. Se trata de un fantasma ambiguo y mudo. Se muestra curiosa y ansiosa por vivir experiencias de las que se vio privada durante mucho tiempo. Es difícil saber si Magdalena regresa porque su familia está a punto de enfrentarse a cambios importantes o porque algo se cierne sobre el horizonte, pero ahí está: un vínculo perdido que estas personas necesitaban.

Su llegada es solo una de las muchas señales, cada vez más extrañas. Si finalmente llega el apocalipsis, los animales, incluidos los de la granja lechera de la familia, son los primeros en sentirlo. Están ansiosos por dejar atrás su horrible existencia, como los delfines en la Guía del autoestopista galáctico, aunque aquí canturrean su último mensaje. La cinta formaría una interesante sesión doble con Cow [+lee también:
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, de Andrea Arnold, que también se centra en la explotación constante de sus cuerpos y su soledad.

Alegría abraza el realismo mágico y todo lo que ofrece, mientras lo ordinario choca constantemente con lo inexplicable: los lugareños desesperados protestan por el deterioro medioambiental, las heridas curan sin dejar rastro, una mujer de mediana edad (Leonor Varela) echa de menos a la madre que nunca llegó a conocer. Es una pena que al final la película se vuelva cada vez más confusa, con algunas escenas finales unidas forzosamente como por accidente, así como demasiados primeros planos de vacas. Aunque la cineasta les ofrece una suerte de revelación, o incluso cierre, sus protagonistas no tienen demasiado tiempo para desarrollarse. Tal vez lo haya soñado, pero a pesar de todo lo que se muestra en la película, hay cierto optimismo que parece implicar que (al igual que en No mires arriba, de Adam McKay) cuando las cosas se ponen difíciles y las autoridades insisten en ignorar las señales, aún puedes estrechar lazos con tus seres queridos, al menos con algunos de ellos. Incluso aquellos que ya no hablan, ni viven. Teniendo en cuenta hacia dónde nos dirigimos todos, tal vez no haya mucho que decir en realidad.

La vaca que cantó una canción hacia el futuro es una producción de Tom Dercourt y Alejandra García, coproducida por Shrihari Sathe, Michael Weber, Viola Fügen, Andrés Wood y Bruno Bettati. Las productoras involucradas son Cinéma Defacto y Andrés Wood Producciones, en coproducción con Match Factory Productions y Jirafa films, y en colaboración con Dialectic, Bord Cadre Films, Sovereign Films y Whitewater Films. Match Factory se encarga de las ventas.

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(Traducción del inglés)

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