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PELÍCULAS / CRÍTICAS Bélgica

Crítica: La Dernière Tentation des Belges

por 

- El extravagante Jan Bucquoy da el toque final a su autobiografía tras La Vie Sexuelle des Belges y Camping Cosmos con un drama de gesto burlesco

Crítica: La Dernière Tentation des Belges
Wim Willaert y Alice On the Roof en La Dernière Tentation des Belges

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, que se estrena mañana 2 de febrero en Bélgica, distribuida por Film and Com, es la tercera parte de la autobiografía grabada (y ligeramente novelada) de Jan Bucquoy, artista belga provocador y polifacético, conocido por sus películas… así como por su confidencial pero preciado Museo del Slip. Desde hace varias décadas, juega con las convenciones y se ríe de su personaje de artista libertario y situacionista. Su álter ego del cine también ha intentado llevar el marxismo leninismo a Flandes en la primera obra de su trilogía, y dar un golpe de estado en Bruselas en la segunda, antes de que se le metiera en la cabeza incitar a Valonia a imaginar una redistribución más justa de las riquezas aboliendo el patrimonio, y asignando los fondos a través de una lotería en esta nueva película.  

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Pero detrás de la propaganda se esconde un padre de luto, que llora a su hija suicida. Marie no tiene ganas de vivir una vida donde su padre aparece como por arte de magia después de su infancia. Una vida que pende de un hilo, tejido de las historias que a su padre se le ocurre contarle, como una Shéhérazade con acento flamenco. Como en las Mil y una noches, Jan propone una sucesión de pequeños relatos, mil y un pequeños cuadros de su vida. Regresa a los dos temas más importantes de su vida: las mujeres y el arte. Multiplica las palabras bonitas, “El amor es dar lo que uno no tiene a alguien que no lo quiere”, o incluso “Dejé de hacer cine comercial para hacer cine de arte y ensayo, pero era más un ensayo que arte”.

Pero, al final, nos quedamos con que “no siempre hay que pasar página, a veces hay que romperla”. Pues La Dernière Tentation des Belges es ante todo la historia de un padre y de su hija. Un tema universal, ampliamente inspirado en la trayectoria de Jan Bucquoy, que transforma el dolor de vivir de un padre de luto en un gran circo cinematográfico para exorcizar el mal a través de la risa; curar las heridas con algunas palabras bonitas y un puñado de situaciones divertidas.

Después de haberse juntado con Jean-Henri Compère, álter ego del cineasta en La Vie sexuelle des belges (1994) y Camping Cosmos (1996), el director se fijó en el actor Wim Willaert. Junto a él, Bucquoy escribió el papel para la joven intérprete belga Alice On the Roof, que oscila entre un cierto pragmatismo y una bella extrañeza. A lo largo de su trayectoria, Jan tiene un fiel compañero de juegos cuya soltura y oportunismo contrastan con su torpeza. Es Alex Vizorek, que encuentra aquí su primer papel de envergadura en el cine, y que se implica con naturalidad en el universo improvisado pero sincero de Jan Bucquoy.

Aunque sonriamos a menudo, e incluso esperemos o nos riamos amablemente de las ideas chifladas de Bucquoy o de su forma punk de hacer cosas con los medios a su alcance, el drama sale a superficie de esta historia: la de un padre que intenta recuperar los momentos perdidos con su hija. Al final, La Dernière Tentation des Belges bien podría ser una tragedia. Una tragedia burlesca, en el sentido propio de la palabra, un drama con una comedia desconcertante y extravagante.

La Dernière Tentation des Belges, presentada en preestreno en el Festival Ramdam de Tournai, ha sido producida por Stenola Productions. Be For Films gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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