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BERLINALE 2022 Encounters

Crítica: Axiom

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- BERLINALE 2022: En la cinta de Jöns Jönsson, un joven se inventa historias fantásticas sobre su vida, hasta que las mentiras amenazan un día con volverse en su contra

Crítica: Axiom
Moritz von Treuenfels en Axiom

Ser la mejor versión de uno mismo es difícil. Pero normalmente damos por sentado que cada uno es alguien. No así en el largometraje de Jöns Jönsson Axiom [+lee también:
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, que se estrenó en la sección Encounters de la Berlinale de este año. Su protagonista, Julius (Moritz von Treuenfels), es un lienzo en blanco, una caricatura de cualquier persona con la que se topa. Durante la película, descubrimos muy poco de su personalidad. Al mismo tiempo, eso es todo lo que necesitamos saber. Crea una experiencia inquietante que es a la vez atractiva y, cada vez más, perturbadora.

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Tener que trabajar un periodo de prueba de seis meses es un mal negocio, explica Julius a su nuevo compañero de trabajo Erik (Thomas Schubert). Erik acaba de mudarse a Colonia desde Austria, y el aparentemente culto y elocuente Julius, con el que comparte turno como guarda en un museo, está listo para tomarlo bajo su protección. Hasta le invita a que se una a él y sus amigos en un fin de semana de navegación a bordo del barco familiar en el lago.

Esta representación de sí mismo, afanoso y seguro de sí, es el primer vistazo que tenemos del que parece ser un protagonista veinteañero fanfarrón pero atento. Pero la primera sombra de una sospecha emerge pronto, cuando Julius escucha con demasiada atención una conversación en el bus. Dos hombres hablan sobre un ladrón de pescado local al que pillaron con las manos en la masa en el sótano de un desconocido. Minutos más tarde, Julius cuenta la historia como si fuese su propia experiencia. Su repentina ansiedad también es preocupante. Cuando todos los demás están listos para ir para el puerto, Julius parece cada vez con menos ganas de llegar al barco. “Siempre tienes una excusa. Que te pasa, tio”, le grita un amigo.

El viaje es cancelado en el último minuto cuando Julius tiene un misterioso ataque con convulsiones. Epilepsia, todos están de acuerdo. Como espectador, uno ya es receloso. “Cuándo dejarás de hacer esto, ya no tienes cinco años”, le reprocha finalmente su madre cuando le recoge del hospital. “Fingir hasta el final” es una frase familiar y Julius su mejor ejemplo. Las suyas no son pequeñas mentiras blancas, es más bien que él es el cascarón de cualquier sensación, de cualquier narrativa que sea lo bastante convincente. ¿Es su impulso síntoma de inseguridad, enfermedad mental, o de un deseo de romper con normas sociales?  Jönsson no responde a esta pregunta; ni falta que le hace.

La película es una experiencia intensamente íntima, centrada en cómo Julius rompe normas sociales implícitas, nuestras expectativas sobre la honestidad y la lealtad, y en cómo esto afecta no solo a otros a su alrededor, sino principalmente a él mismo. Su personaje no genera ni simpatía ni repulsión, sino que es más bien objeto de una curiosidad intrigante. La forma en que usa pequeños momentos para decirle a la gente lo que quieren oír, o les deja rellenar con entusiasmo los espacios vacíos en su farsa. Julius podría no ser un narcisista, esa sería una explicación demasiado fácil que quitaría debida importancia al hecho de que defiende a otros. Pero hay una necesidad de ganar atención, o de ser alguien. Este misterioso combustible que le mueve a actuar es además lo que inspira al espectador a unirse a él en su viaje.

El guión de Jönsson, compuesto cuidadosamente, no intenta generar juicio moral alguno sobre cómo Julius crea falsas expectativas para sus amigos. En su lugar, deja que el castillo de naipes del personaje se derrumbe sobre él mismo. Según progresa la trama y las mentiras se multiplican en un rápido crescendo, finalmente llega la inevitable confrontación y sus ramificaciones. La novia de Julius, Marie (Ricarda Seifried), cuenta a sus amigos la misma historia sobre un peatón desnudo que el propio Julius ha contado antes a los padres de ella. ¿pero por qué? pregunta él. La sencilla respuesta de Marie lo descoloca más de lo que él podría haber imaginado.

Aunque la película es excelente en el desarrollo de su trama, cada vez más intensa, no le faltan defectos, como el momento en que Jönsson deja que los amigos de Julius empiecen un largo debate filosófico sobre las creencias religiosas de Erik. Aunque esto interrumpe el ritmo, hay una relevancia temática más profunda para la historia. “Dios es un axioma”, discurre el grupo, una afirmación o entidad que es dada por verdadera, y que sirve como fundamento para argumentos sucesivos.

Lo mismo podría decirse de Julius. Sus historias se dan por sentadas, y son discutidas y procesadas. Del mismo modo que la religión de Erik se adhiere a un conjunto de principios, principios sociales “fuerzan” a los amigos de Julius a dar sus historias por sentadas. “Fingir hasta el final” podría ser una idea romántica sobre cómo reinventarse a uno mismo. Jönsson, sin embargo, se centra en ofrecer una breve, oscura y perturbadora mirada a aquellos individuos que se han tomado esta máxima tan a pecho que, al final, no queda nada de ellos mismos.

Axiom es producida por Bon Voyage Films y financiada por WDR Cologne y Arte Strasbourg. Ventas internacionales de mano de The Playmaker.

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(Traducción del inglés por Angélica Ramos)

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