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LOCARNO 2022 Piazza Grande

Crítica: Last Dance

por 

- Delphine Lehericey presenta una comedia, que flirtea con el drama, sobre la tercera edad, capitaneada por François Berléand

Crítica: Last Dance
François Berléand y La Ribot en Last Dance

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(Mejor Película y Mejor Guion en los Premios del Cine Suizo en 2020), en la que retrataba la inestable vida cotidiana de un niño del rural (Gus, interpretado por el debutante Luc Bruchez), Delphine Lehericey ofrece una mezcla de géneros en su última película, Last Dance [+lee también:
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, que se centra en los altibajos de un jubilado de 75 años (François Berléand) que intenta reconstruir su vida tras la pérdida repentina de su esposa.

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La historia que narra Delphine Lehericey en esta película, presentada en la Piazza Grande durante el 75.º Festival de Locarno, es la de un jubilado de 75 años llamado Germain, que pasa los días ocioso, en una especie de “dolce far niente” de clase media sin ningún tipo de responsabilidades. Es su esposa, Lise, la que se encarga de todo, mientras saca tiempo para dedicarse a actividades caritativas y artísticas. Su logro más reciente fue participar en un espectáculo de danza creado por la coreógrafa hispano-suiza La Ribot (que se interpreta a sí misma en la película). Cuando Lise fallece de forma inesperada, Germain debe lidiar con todas las cosas de las que nunca había tenido que ocuparse. Pero, sobre todo, debe cumplir la promesa que le hizo a su esposa: quien sobreviva al otro debe terminar su proyecto.

Last Dance es una de esas películas de las que realmente queremos enamorarnos, pero en las que encontramos algo que nos lo impide. Pequeños detalles que tendemos a olvidar para poder disfrutar del resto de la obra. Aunque la historia de Germain es tan conmovedora como realista, el retrato de un jubilado acomodado y con estudios que no puede liberarse de sus carencias de baby boomer (en primer lugar, el hecho de que no ayuda con las tareas domésticas, que son responsabilidad exclusiva de su esposa) y que de repente se encuentra a merced de sus hijos sobreprotectores, así como la insistencia de la directora en ciertos aspectos (como la naturaleza bienintencionada de uno de los miembros del grupo de baile, interpretado por Kacey Mottet-Klein), a veces hace que la película sea demasiado cursi.

Sin duda, el hecho de escoger a un hombre mayor como protagonista de la película, retratándolo con sensibilidad y honestidad, es un acto digno de elogio (el mundo del cine necesita mayor variedad en sus representaciones de personajes), y la combinación de los mundos del cine y la danza, que se enriquecen mutuamente, resulta igual de eficaz. Sin embargo, la necesidad constante de endulzar las situaciones acaba por ensombrecer el conjunto, privando a estas escenas de la complejidad y ambigüedad que requieren.

La película trata en ocasiones de profundizar en el lado más sombrío del protagonista: su chovinismo, que se acepta como si fuera ley de vida (nadie se pregunta por qué nunca ha podido o querido cocinar o cuidar de la casa), su misantropía casual y su profundo apego a su esposa, pero sobrevuela todos estos temas demasiado rápido, a menudo logrando que nos sintamos engañados. Sin embargo, lo que sí consigue es establecer un vínculo profundo entre el cine y la danza, explorado a través el poder terapéutico de esta última y ​​la capacidad inesperada del cuerpo para curar nuestras almas. En este sentido, La Ribot se revela como el arma secreta de la película, gracias a su creíble y sensible interpretación, así como a su puesta en escena de momentos coreográficos que rebosan imaginación. Por otra parte, la historia podría haber funcionado mejor haciendo coincidir el final de la película con el de la propia actuación en el escenario, en lugar de arrastrarla hacia otro final feliz.

Last Dance es una producción de la suiza Box Productions junto a la belga Need Productions, RTS (Swiss Radio and TV), RTBF (Francophone Belgian Radio and TV) y Be Tv. Be For Films se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del italiano)

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