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CANNES 2023 Quincena de los Cineastas

Crítica: Le procès Goldman

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- CANNES 2023: Cédric Kahn firma una fascinante obra de cámara despojada de todo artificio que refleja una época, alrededor de la compleja personalidad de Pierre Goldman

Crítica: Le procès Goldman
Arieh Worthalter en Le procès Goldman

"Tu cabeza está en juego". Es finales de abril de 1976, y entre bastidores del tribunal de primera instancia del Somme, en Amiens, un abogado se enfada por la falta de disciplina de su cliente, que replica que no necesita ningún abogado para demostrar su propia inocencia, ya que el hecho es "ontológico", es decir, de la esencia, y por tanto no tiene nada que ver ni con las apariencias ni con sus opiniones particulares.

Sin embargo, los que no somos filósofos podemos estar tranquilos (aunque se trate de un detalle bastante significativo), ya que Le procès Goldman [+lee también:
tráiler
entrevista: Cédric Kahn
ficha de la película
]
, de Cédric Kahn, que ha inaugurado magníficamente la 55ª edición de la Quincena de los Cineastas (en el marco de la 76º edición del Festival de Cannes), no es una obra intelectual, sino una película de juicios tensa y cautivadora que desgrana los hechos del caso en una eléctrica obra de cámara. De hecho, la personalidad sumamente contradictoria de Pierre Goldman, así como su trayectoria como revolucionario reconvertido en atracador de bancos, fueron en su momento fuente de una intensa fascinación tanto para sus admiradores como para sus críticos, y todo ello en una época en la que los enfrentamientos ideológicos despertaban vivas pasiones. De estos hechos reales, el director extrae la sustancia sin desviarse en ningún momento de una batalla legal que acaba convirtiéndose en algo personal. Estos hechos reales resuenan también más allá de la pantalla y de la sala del tribunal a través de temas que, tanto en los años 70 como hoy en día, son objeto de controversia: los prejuicios, el racismo, los métodos policiales, la extrema izquierda, etc.

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"Soy inocente porque soy inocente". Defender a Pierre Goldman (el excelente Arieh Worthalter) no es tarea fácil para Georges Kiejman (el brillante y casi irreconocible Arthur Harari). Su cliente incluso intenta despedirle unos días antes del juicio, refiriéndose a él en una carta "judío de sillón", entre otras sutilezas. Sin embargo, convencido en última instancia por sus ayudantes (que ven en Goldman "un hermano judío tratado como chivo expiatorio"), Kiejman no se da por vencido y declara en el prólogo de la película que, a pesar de todo, se centrará únicamente en los hechos. Y estos son claros: el acusado ha reconocido ser el autor de tres atracos a mano armada, pero niega ser el responsable de un cuarto, que tuvo lugar en una farmacia del bulevar Richard Lenoir de París en diciembre de 1969, dejando dos muertos y dos heridos. Estas negaciones no resultaron convincentes en su primer juicio, a finales de 1974, en el que fue condenado a cadena perpetua.

Lo que sigue es un repaso a la atormentada vida de Goldman, que se niega por principios a llevar al estrado a testigos de carácter que podrían defender su moralidad. Es interrogado por el presidente (Stéphane Guérin-Tillié), y testifican su padre, su pareja de origen guadalupeño, el psicólogo encargado del caso, seis personas que presenciaron el robo, dos comisarios de policía, su antiguo jefe de la guerrilla revolucionaria de Venezuela y el hombre que le dio su coartada. Se suceden los requerimientos, los alegatos orales, el veredicto: el caso se analiza en todas sus vertientes y de diversas formas, en función de las estrategias de duelo de la defensa y del fiscal general (Nicolas Briançon). Todo ello se intercala con tres aplazamientos y múltiples arrebatos emocionales de Goldman ("gánster sí, pero asesino no", "yo también soy negro", "se trata de un complot policial con un culpable ideal", "todos los testigos son racistas"), aclamado por sus partidarios y con unos abogados que, en la medida de lo posible, tratan de calmarlo.

Mediante la combinación del antirretrato con el cine de juicios, Cédric Kahn forja una película mordaz que explora de cerca la difusa frontera entre la fantasía y la memoria, los mitos heroicos y la realidad de las instituciones, el peso del pasado y de las apariencias. Se trata de un largometraje compacto que resulta frío y cálido al mismo tiempo y se desarrolla a un ritmo constante y en línea recta a partir de un excelente guion sin florituras (escrito por el director junto con Nathalie Hertzberg), y que aporta a su perfecto reparto la atención necesaria para crear una película de muy alta calidad.

Le procès Goldman ha sido producida por Moonshaker y coproducida por Trop de bonheur Productions. Las ventas internacionales corren a cargo de Charades.

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(Traducción del francés)

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