Crítica: Heavies tendres
por Carlota Ezquiaga
- El largometraje de animación español dirigido por Joan Francesc Tomàs Monfort y Carlos Pérez-Reche es una obra minimalista pero entrañable que demuestra que menos es más

(Esta crítica forma parte del taller GoCritic! en Animest Bucharest International Film Festival. Puedes leer la cobertura completa aquí).
Tender Metalheads, ganadora del premio a mejor película, así como del premio del jurado joven, en la 18.ª edición del Animest Bucharest International Film Festival, es una propuesta española minimalista pero entrañable que demuestra que menos es más.
Dirigida por Joan Francesc Tomàs Monfort y Carlos Pérez-Reche, y basada en un cómic de Juanjo Sáez, quien además ejerce como director artístico y productor de la película (precedida por una serie en 2018), Tender Metalheads reúne todos los ingredientes para ofrecer una experiencia emocionante: una historia conmovedora, personajes interesantes cuyos rostros ni siquiera necesitan gran detalle gracias a un estilo de animación sencillo, y un gran sentido del humor.
A veces puede parecer que las grandes tragedias y comedias son las del amor romántico, pero la amistad puede considerarse igual de importante y transformadora. Especialmente si eres un adolescente en un barrio obrero de la Barcelona de 1991, como nuestros protagonistas.
Tender Metalheads es una historia sobre la amistad; la amistad que, a lo largo de un curso escolar, se forja entre Juanjo, un chico asmático que tiene que repetir curso, y Miquel, un chico tartamudo con una situación complicada en casa. Ambos acaban sentándose juntos en clase y conectan gracias a la música.
Menos es más: esa parece ser la filosofía detrás de la animación de Victor Rago. Es sencilla y utiliza poco el color, despojando a los personajes de todo aquello que no es esencial, incluso de rasgos faciales. Puede parecer difícil empatizar e identificarse con personajes cuyo semblante no podemos ver, pero funciona.
Y no solo se trata de los personajes; también del movimiento. Como explicó Rago en el coloquio posterior a la proyección en Animest, el equipo hizo de la necesidad virtud. Encontraron una forma de expresar el movimiento con el menor número posible de fotogramas (lo que se traduce en menos dibujos y, a su vez, en menos presupuesto). Inspirándose en el mundo del cómic, y más concretamente en la novela gráfica de Sáez que sirve de base para la película, emplean una estética que remite a la página impresa.
Hay mucho más detrás de esta aparentemente sencilla historia sobre dos chavales de 15 años en los 90, que cimentan su amistad en el intercambio de CD con sus nuevos descubrimientos metaleros; que tienen un profesor entusiasta que les pone películas de Truffaut, y familias demasiado absorbentes o poco presentes.
La película también aborda la adicción, la búsqueda de identidad, la violencia, el intento de escapar de la propia familia y la imposibilidad de hacerlo. Mientras Miquel disfraza el caos familiar de cosmopolitismo (“no celebramos la Navidad, es un concepto anacrónico”), la admiración de Juanjo hacia él no hace sino crecer, ajeno a lo que ocurre tras las puertas de su casa (que Miquel nunca le abre).
Sin embargo, estos temas difíciles están envueltos en una forma disfrutable y humorística. De hecho, el humor es el propio marco del relato, no un mero añadido. Al fin y al cabo, ¿hay algo que defina mejor la adolescencia que disfrazarse de heavy para descubrir que no es un disfraz? “Es mi identidad”, descubre Miquel.
Son "tótems" como este, por citar un término muy acertado que se usa en la película, los que pueden ayudarnos a luchar para que las circunstancias adversas no nos arrebaten la ternura y la humanidad. A veces, lleva toda una vida. Otras, un curso escolar.
Tender Metalheads está producida por la española La Productora de Juanjo Sáez.
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