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PELÍCULAS / CRÍTICAS Estados Unidos

Crítica: Tatami

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- La película realizada por Guy Nattiv y Zar Emir Ebrahimi sigue a una judoka iraní que lucha por su derecho a tener una libertad que se le ha negado durante mucho tiempo

Crítica: Tatami
Zar Emir Ebrahimi y Arienne Mandi en Tatami

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. En esta película, que constituye un thriller deportivo, político y decididamente feminista en el que se consigue mantener la tensión desde la primera imagen hasta la última, Ebrahimi no solo se coloca detrás de las cámaras, sino que también interpreta el papel del personaje de la entrenadora Maryam. Ya sea para luchar por el título de campeona del mundo de judo o para exigir respeto como mujer libre e independiente, la protagonista de Tatami sacrifica su propio cuerpo en el altar de la causa feminista.

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Tatami, que se ha estrenado a nivel mundial en la sección Orizzonti de Venecia y —más recientemente— ha sido presentada en el Black Movie de Ginebra, se desarrolla durante los campeonatos del mundo de judo en Tiflis, Georgia. Las cosas le van sorprendentemente bien a la judoka iraní Leila (una brillante Arienne Mandi), apoyada por su siempre fiel entrenadora Maryam, pero justo en el ecuador de la competición, la Federación Iraní de Judo, y luego la República Islámica, le ordenan —con medios cuando menos ilegales— que se retire de la competición para evitar que se enfrente cara a cara con la oponente israelí contra la que temen que pierda. Aunque su familia está en peligro, la protagonista de Tatami no se dejará intimidar fácilmente, de manera que no dudará en hacer valer los derechos universales que deberían estar garantizados para todos, independientemente del género y la orientación sexual de cada persona.

Nattiv y Amir Ebrahimi logran fusionar con maestría la tensión de la competición de judo —rodada espléndidamente a través de un blanco y negro que resulta frío y profundo al mismo tiempo— con las cuestiones relacionadas con la política y la justicia social. Tatami es una película apasionante de principio a fin, una cinta que nos mantiene pegados a la pantalla, preparados para luchar en cualquier momento por Leila, que encarna a su vez la figura de una especie de amazona moderna que, a pesar de verse desprovista de su caballo y su armadura, no duda en seguir luchando con arrojo hasta el final. Por su parte, la entrenadora Maryam es un personaje más ambiguo pero no menos intrigante, una mujer atormentada por el peso de una serie de decisiones que tomó en el pasado y siguen pesando en el presente. Maryam se ve inmersa en un verdadero dilema, ya que no sabe si respetar las normas por miedo a las consecuencias que podría acarrearle una posible desobediencia o dejarse guiar por una sed de libertad que —todavía— no ha sido capaz de exigir, por lo que experimenta a través de Leila una lucha que a ella misma le hubiera gustado librar. Leila y Maryam son la clase de personajes que dejan huella, guerreras solitarias que luchan contra un sistema del que les gustaría escapar, heroínas de carne y hueso que se esfuerzan por defender valores cuya importancia resulta visceral para ellas.

La imponente presencia física de Arienne Mandi domina los combates de judo de la película, que constituyen una especie de microcosmos compuestos de forcejeos, derribos y estrangulamientos en los que la única diferencia que importa es la destreza que se posea a la hora de luchar. Las cámaras filman con crudeza y elegancia el indomable y herido —pero nunca vencido— cuerpo de Leila, un cuerpo que se convierte en un arma con la que enfrentarse tanto a los miedos internos de la protagonista como a todo un régimen político. Los personajes principales del largometraje están aislados del mundo exterior, atrapados en un laberinto de pasillos en penumbra, oficinas y gimnasios donde se entrenan con rigor militar. Son estos espacios a la vez claustrofóbicos y reconfortantes, así como los comentarios de un periodista deportivo en lugar de las bandas sonoras, los que dotan a la película de esa crudeza y dureza tan características. Tatami es una película audaz y estéticamente poderosa que no cae en la trampa de un final triunfalista, sino que opta por la ambigüedad de una victoria que deja cicatrices imborrables.

Tatami ha sido producida por las estadounidenses Keshet Studios, White Lodge Productions y New Native Pictures, junto con la georgiana Sarke Studio. Las ventas internacionales corren a cargo de la británica WestEnd Films.

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(Traducción del italiano)

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