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BERLINALE 2024 Panorama

Crítica: Sex

por 

- BERLINALE 2024: El nuevo largometraje de Dag Johan Haugerud hace importantes preguntas sobre la condición social de la heterosexualidad masculina

Crítica: Sex
Thorbjørn Harr (izquierda) y Jan Gunnar Røise en Sex

El guionista y director noruego Dag Johan Haugerud lleva 25 años haciendo cine, trabajando en distintas duraciones (cortometrajes, mediometrajes y largometrajes), y su talento para utilizar la incomodidad en torno a los trastornos sociales ha marcado el cine escandinavo contemporáneo. Por lo general, sus películas son aclamadas (algunas a nivel local, otras en el circuito internacional de festivales), pero Sex [+lee también:
tráiler
entrevista: Dag Johan Haugerud
ficha de la película
]
, estrenada este año en la sección Panorama de la Berlinale, atraerá sin duda más atención hacia su obra.

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Explorando la heteronormatividad enmascarada de inclusión que impregna la sociedad noruega, Sex evoca el ingenio de las primeras películas de Ruben Östlund, pero las similitudes terminan ahí. Cuando un deshollinador (Jan Gunnar Røise) le confiesa a su jefe que no solo se ha acostado con un hombre, sino que además se lo ha contado alegremente a su mujer justo después, el director de la empresa (Thorbjørn Harr) se queda estupefacto. Ser educado y curioso es una obligación, pero aunque es obvio que los dos hombres están muy unidos, su vínculo sigue estando sujeto a las presiones de la masculinidad heterocodificada. A partir de aquí, Sex se centra mucho más en las conversaciones que en los actos sexuales.

De esta forma, la película resulta de todo menos árida. Su inventiva formal (cortesía de la directora de fotografía preferida de Haugerund, Cecilie Semec, cuyos lentos movimientos de cámara son un deleite para la vista) y su inteligente guion se combinan en una comedia discreta sobre la condición humana. Tanto Røise como Harr, en sus anteriores colaboraciones con el director, han demostrado una aptitud para la comedia amarga, sin dejar de lado los anhelos de sus personajes. Sex se mueve en una fina línea entre la empatía superficial y la profunda comprensión mutua, no solo en lo relativo a los dos hombres, sino también a sus respectivos hogares. La mujer del trabajador (Siri Forberg) le resta importancia a la narrativa idealizada de su marido (que casi parece ver la penetración anal como una salvación) permitiéndose a sí misma mostrarse cada vez más ansiosa y abiertamente vulnerable, en diálogos que, de forma lenta pero inexorable, reconfiguran la dinámica de su matrimonio. 

Por otro lado, la esposa del jefe (Birgitte Larsen) está fascinada por los sueños recurrentes de su marido, en los que se ve sometido a la “mirada masculina” de nada menos que David Bowie, una posición pasiva asociada normalmente a la feminidad. Su franqueza al admitir que no puede comprender por qué le excita esta cosificación, incluso en el mundo de los sueños, revela la insalvable brecha entre las concepciones (estrictamente delineadas) de los géneros. Sin embargo, Haugerud demuestra un notable tacto a la hora de construir sus personajes, incluso cuando observa sus reacciones como si estuvieran bajo un microscopio.

Cabe preguntarse si estos dos hombres heterosexuales, monógamos y casados, expuestos momentáneamente a la homosexualidad, están realmente preparados para el cambio. ¿Acabará convirtiéndose esta experiencia de alteridad radical en una insignia de honor mientras siguen actuando como siempre? Aunque se trata de preguntas válidas, una lectura amable deja vislumbrar un horizonte más amplio tras los créditos finales: si no podemos confiar en que hombres como estos descubran, hablen y procesen su sexualidad como algo fluido, la batalla ya está perdida. Ambientada en un Oslo que parece compuesto solo de obras y chimeneas por limpiar, Sex reconoce que todas nuestras convenciones están en constante proceso de destrucción y reconfiguración.

Sex es una producción de la noruega Motlys, coproducida por ViaPlay.

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(Traducción del inglés)

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