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BERLINALE 2024 Panorama

Crítica: Faruk

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- BERLINALE 2024: Aslı Özge vuelve a la docuficción y a su ciudad natal de Estambul creando una conmovedora y personal historia con un importante cariz político y social

Crítica: Faruk

La directora turcoalemana Aslı Özge regresa por tercera vez a la sección Panorama de la Berlinale con Faruk [+lee también:
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Al principio, Özge lo plantea como el rodaje de una película protagonizada por su padre, Faruk, de 90 años. En la primera escena, la directora está fuera de plano, dándole instrucciones sobre cómo posar frente a un espejo, desnudo de cintura para arriba. La empatía se establece rápidamente a través de este intercambio, la enigmática banda sonora orquestal y su posición vulnerable. De esta forma, la cineasta siembra la semilla de lo que será su relación.

En los créditos iniciales, vemos al equipo preparándose para un rodaje, y a medida que Özge y otros miembros entran en plano, sus nombres y funciones aparecen en pantalla. A lo largo de la primera mitad de la película, la directora rompe continuamente la cuarta pared, con tomas repetidas, claquetas, cámaras y pértigas que se mantienen en el montaje. Este enfoque es divertido y proporciona un efecto de distanciamiento, recordándonos en todo momento que se trata de una película, y no necesariamente de una realidad objetiva, mientras nos acerca a su protagonista. Podemos sentir que Faruk no tiene muy claro lo que hace su hija, pero la apoya de todas formas. Y sin duda está implicado en la trama, que trata de su propia situación vital.

El programa gubernamental de transformación urbana pretende sustituir los edificios viejos e inseguros por otros nuevos, y el de Faruk está entre ellos. El problema es que su edificio no es realmente inseguro, y él se opone a la demolición. Sin embargo, la mayoría de sus vecinos quieren aprovechar esta oportunidad para conseguir los pisos de lujo que les han prometido.

El proceso implica valorar ofertas de contratistas más o menos corruptos y atravesar algunos trámites burocráticos complicados, como la necesidad de que Faruk se someta repetidamente a pruebas de aptitud mental debido a su edad. De hecho, le aconsejan que otorgue un poder notarial a un vecino o a su hija, pero en realidad está en muy buena forma (y también hay un elemento de orgullo que se lo impide).

Los inquilinos del edificio conforman una comunidad muy unida: cuando desaparece un anciano, cuatro de ellos, incluido Faruk, acuden directamente a la policía. Poco después, el hombre aparece muerto en el metro. Había estado viajando todo el día sin que nadie se diera cuenta. En la siguiente escena, Faruk está de pie en medio de una calle transitada. A medida que la cámara se aleja, acompañada por un diseño sonoro amenazador, la escena sugiere que él (o, más bien, su hija) se está preguntando si podría ocurrirle lo mismo.

En este enfoque cinematográfico, Faruk es al mismo tiempo el padre de la directora y un anciano de la sociedad turca, mientras que Aslı es a la vez la cineasta y la hija de un inmigrante turco. A mitad de película, ella abandona la escena y el método de distanciamiento inicial, permitiendo que el público se sumerja cada vez más en su compleja historia emocional. Aquí es donde la mezcla de documental y ficción aporta una fuerza muy particular a la película. El argumento y su “realismo” son menos importantes que la propia sensación de realidad del protagonista y lo mucho que depende de las personas con las que la comparte. Cuando la película se basa en un hecho real, recrearlo aporta una nueva perspectiva a quienes lo vivieron, mientras el público recibe una experiencia que le resulta auténtica y, en este caso, emotiva y cautivadora.

Faruk es una coproducción entre las alemanas EEE Film y The Post Republic, la turca FC Istanbul y la francesa Parallel 45. Heretic se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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