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BERLINALE 2024 Forum

Crítica: The Invisible Zoo

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- BERLINALE 2024: El nuevo documental de Romuald Karmakar se fija en las prácticas "naturales" del zoo de Zúrich

Crítica: The Invisible Zoo

Siete años después de presentar su documental sobre la música electrónica If I Think of Germany at Night [+lee también:
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en la sección Panorama de la Berlinale, Romuald Karmakar está de vuelta en el festival alemán —esta vez en la sección Forum— con un largometraje sobre el zoo de Zúrich. The Invisible Zoo, de tres horas de duración, no escatima en tiempo a la hora de investigar acerca de la ética, las prácticas laborales y los animales de la institución suiza, más conocida como "el zoo natural". De un modo típicamente cuidadoso, Karmakar emplea largas tomas y patrones de montaje a través de los que pone de relieve las cambiantes relaciones entre animales y humanos, ya sean cuidadores o visitantes.

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La película se abre con una secuencia de diez minutos de lo que parece una selva tropical: el verde brillante se intensifica a medida que la lluvia salpica sobre los árboles y los truenos y sonidos de pájaros reverberan en el fondo para acabar creando una sensación táctil del espacio fuera de la pantalla. Con el fin de magnificar ese efecto, The Invisible Zoo hace uso únicamente del sonido original, dispuesto en un sistema envolvente 5.1 (del tipo que se integra en el home cinema). La inmersión constituye una táctica adecuada para este tipo de cine contemplativo, especialmente cuando se filman animales en un zoo, ya que atrae al espectador a nivel auditivo y le invita a transponer los sonidos "liberados" más allá de los confines del encuadre. En la película de Karmakar, tanto los primeros planos como los planos largos permanecen estáticos —por muy bien compuestos que estén—, porque la contención es una característica ineludible de cualquier zoo.

Al mismo tiempo, The Invisible Zoo pretende mostrarnos las muchas formas en que el zoo de Zúrich se diferencia de otros zoos. Nos sumerge en reuniones con el director, especialistas veterinarios, virólogos, ingenieros y educadores, y todo ello al tiempo que nos guía por el proceso de liberación del lugar de sus prácticas coloniales y de custodia en varias etapas. Se están haciendo numerosas cosas, desde construir una "sabana" con enormes máquinas de alimentación en forma de árbol hasta diseñar espacios para que algunas especies los compartan, pasando por un enfoque pedagógico integral para visitantes, personal y voluntarios. De hecho, si no fuera por la duración de la película y su dependencia de las tomas largas, la obra podría haberse encaminado fácilmente hacia el terreno de la "publicidad comercial" con sus grandes elogios al enfoque diferente del zoo.

Sin embargo, el documental también da cabida a la crítica estructural, si bien Karmakar no llega a atreverse a tomar verdaderamente ese camino. Por ejemplo, el cambio entre varios puntos de vista dentro de la misma escena permite al espectador "estar" a ambos lados del cristal que separa a los animales de los humanos, y una secuencia bastante larga muestra lo que le ocurre a la última cebra macho de una determinada raza (nada bueno). El acto de prestar atención y hacerlo con insistencia y durante un largo período de tiempo tiene una motivación política.

Con todo esto en mente, hay que reconocer también que The Invisible Zoo ha tenido muchos precursores en sus métodos y objetivos. En cierto modo, hacer cine lento sobre animales y/o instituciones se ha convertido en la norma más que en la excepción, y prueba de ello son películas como Nenette [+lee también:
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(2010), de Nicolas Philibert, o Bestiaire (2012), de Denis Côté, que también fue proyectada en la sección Forum de la Berlinale. Se trata de un enfoque formal perfectamente legítimo y éticamente informado, de eso no cabe duda, pero su uso reiterado plantea algunas preguntas: ¿cuál es el propósito de una película así? ¿A quién sirve? ¿Deberíamos construir mejores zoos? Resulta injusto esperar una postura activista de todos los documentales sobre animales que existen, pero no se puede negar que el contexto del que forman parte debe ser cuestionado hasta la saciedad. Sin embargo, para que este tipo de desafíos tengan éxito, tenemos que seguir reinventando las formas que adoptan, tanto discursiva como cinematográficamente.

The Invisible Zoo ha sido producida por la berlinesa Pantera Film.

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(Traducción del inglés)

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