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BERLINALE 2024 Panorama

Crítica: My Stolen Planet

por 

- BERLINALE 2024: La resistencia es tan personal como política en el documental de Farahnaz Sharifi, que utiliza imágenes de archivo para examinar la vida en Irán desde la revolución hasta hoy

Crítica: My Stolen Planet

“Compro los recuerdos de la gente”, dice la narradora de My Stolen Planet [+lee también:
tráiler
ficha de la película
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, cuya voz en off guía una exploración sobre los aspectos políticos de la documentación y el recuerdo, así como sobre la vida bajo la opresión. Ambas están inevitablemente relacionadas, lo que se convierte en uno de los temas centrales de la película. La cinta está narrada por la guionista, directora y montadora Farahnaz Sharifi, cuya autoproclamada obsesión por filmar y documentar la lleva a comprar con frecuencia bobinas de películas antiguas (en su mayoría en Super-8) a otras personas.

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Este nuevo trabajo, que constituye el primer largometraje documental de la cineasta de origen iraní, tuvo su estreno mundial en la sección Panorama de la 74.ª Berlinale. Combinando imágenes de archivo con una voz en off abiertamente política, Sharifi recurre a archivos personales de su propia vida filmados a lo largo de los años, fotos y vídeos de otros iraníes, e imágenes más generales sobre la resistencia y las protestas en Irán. Nacida en 1979, Sharifi se crio tras la Revolución Iraní, lo que influyó en su infancia como niña en lo que se refiere a la limitación de sus derechos y libertades, que tuvieron su epítome en el uso obligatorio del hiyab. La cineasta describe el cisma generado entre el universo liberador de su hogar y el mundo restrictivo del exterior: dos “planetas”, este último dominado por el orden sociojurídico del nuevo régimen.

Sharifi no rehúye el acto de mostrar, como demuestra la inclusión de vídeos de iraníes asesinados, entre otros fragmentos de gran carga emocional. Aunque gran parte del material representa momentos aparentemente anodinos, cada imagen adquiere un significado semiótico a través de su conmovedora narración, que se convierte en política cuando se presenta como un reflejo o una revuelta contra las restricciones hasta en el más mínimo detalle. El diseño de sonido ambiental de Daniel Wulf y la música de piano de Atena Eshtiaghi completan el núcleo emocional de la película, aunque es la narración la que impulsa las intenciones afectivas de la obra.

En el “planeta privado” de Sharifi, que también se extiende a otros espacios donde las mujeres iraníes son libres de ser ellas mismas, lo mundano se convierte en bello. Asistimos a momentos íntimos y pasajeros que muestran una faceta opuesta, más tranquila, de la resistencia (“nuestra vida cotidiana, que es un crimen a sus ojos”, dice la narradora), en lugar de los valientes actos de protesta que se producen en las calles. Por otro lado, el mundo exterior está siempre documentado, mediante teléfonos móviles pegados a la cara y ojos digitales siempre vigilantes. A través de la voz en off, la cineasta cuestiona su impulso de filmarlo todo, pero “filmar o no filmar” nunca es la cuestión: no todo es blanco o negro. El cine es testigo de la tragedia y la injusticia, por lo que el cine documental es también vital.

Sin duda, la cohesión del montaje es encomiable y los temas que aborda cada vez más pertinentes, pero My Stolen Planet también parece un ejercicio que ya hemos visto antes, un mosaico de lo personal y lo político que, en última instancia, se desarrolla de forma bastante convencional. En ese sentido, un enfoque audiovisual más arriesgado y experimental podría elevar las sólidas tesis de la película durante sus 82 minutos de duración.

My Stolen Planet es una producción de las alemanas JYOTI Film y PakFilm. La parisina CAT&Docs se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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