PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia / Suiza
Crítica: Le Médium
por Fabien Lemercier
- Emmanuel Laskar dirige y protagoniza una comedia romántica y melancólica muy singular centrada en un perdedor condicionado por su especial sensibilidad a lo paranormal

"Siempre decía que habías heredado su don. ¿De verdad puedes ver fantasmas?". Exploramos, por voluntad propia o forzados por las circunstancias, aquello que se nos escapa en el inframundo del subconsciente, o aquello de lo que nos protegemos para no precipitarnos nosotros mismos; navegamos en una suerte de limbo por los procesos del duelo y el olvido; saldamos cuentas para poder volver a amar y ser amados… En momentos de dolor se abren ante nosotros vastos paisajes filosóficos y existenciales, y es en un espacio permeable como este donde Le Médium, la ópera prima de Emmanuel Laskar (que pasó por la compañía anticonformista Les Chiens de Navarre), cuyo estreno en los cines franceses está previsto para el 10 de julio, de la mano de Ad Vitam, se sumerge con suma originalidad. El cineasta francosuizo adopta un tono burlesco y pausado para intentar, como uno de sus protagonistas, retratar nuestras "vanidades" y ofrecer una representación alegórica de la fragilidad de la vida humana.
Todo comienza con un funeral en un pequeño y soleado pueblo del sur de Francia, donde suena el teléfono móvil de Michael (el propio Emmanuel Laskar), hijo de la difunta. El aparato se le escurre de las manos, va a parar directamente al ataúd, ya depositado en la fosa, se activa el altavoz y todos los asistentes se enteran de que este cuarentón está a punto de ser abandonado por su novia. El tono queda establecido, y la película prosigue en esa línea, impulsada por un humor surrealista absolutamente propio (con un guiño a Dalí) y una marcada dosis de fantasía, pues la difunta (Noémie Lvovsky) parece haber transmitido sus poderes de médium a su hijo, un profesor de música que no tiene la menor intención de continuar con el negocio familiar ("Visitas al más allá. Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero"), pese a los intentos de su hermana (Maud Wyler) por animarlo. Sin embargo, el encuentro con una seductora viuda (Louise Bourgoin) atormentada por el fantasma de su marido ahogado pronto hace cambiar de idea a Michael, tan displicente como mal vestido…
Aspirando a una singular mezcla de cine renacentista, comedia romántica y fantasía apacible (tratada con transparencia), combinada con una parábola subyacente sobre la muerte, Emmanuel Laskar crea una atmósfera etérea y paradójica que envuelve una historia de lo más simple ("mi, do, re, no hace falta ser un genio"), que avanza a un ritmo deliberadamente pausado. Centrándose en un protagonista entrañable, del tipo que se presenta con un ramo de flores para conquistar a su amor verdadero y la encuentra en la cama con otro hombre, la película explora con humor los pequeños enredos cotidianos que la vida te lanza cuando estás atrapado en tierra de nadie: entre dos amores, entre dos mundos (el material y el inmaterial), entre el pasado y el futuro, entre deseos y necesidades contrapuestos, entre uno mismo y el otro.
Emmanuel Laskar se toma su tiempo para jugar con su introvertido personaje y trata a Michael con ironía y afecto mientras aprende a convivir con los fantasmas y consigo mismo, y a dejarse llevar para escapar de sus angustias. Puede que la película no cumpla todas sus divertidas promesas iniciales, principalmente por la atmósfera tan desapegada que intenta crear, pero termina revelándose como una propuesta de una originalidad pasmosa: una mezcla de profundidad y ligereza bastante inusual en el panorama de las óperas primas francesas, que a menudo intentan algún tipo de coup de force para dejar huella.
Le Médium es una producción de la parisina Les Films du Bélier en coproducción con la suiza Alina Film. Kinology se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del francés)
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