SARAJEVO 2025 Competición documentales
Crítica: In Hell with Ivo
por Vladan Petkovic
- El retrato que hace Kristina Nikolova del artista Ivo Dimchev es un raro ejemplo de un protagonista que se adueña de la película y de una directora que lo permite

El nuevo documental de la directora búlgara Kristina Nikolova (directora de Faith, Love and Whisky, y que trabaja principalmente en Estados Unidos), In Hell with Ivo [+lee también:
tráiler
ficha de la película], es técnicamente un retrato de artista, pero tanto el artista como el retrato van mucho más allá de lo que el público espera. La película está siendo proyectada en la competición de documentales de Sarajevo y fue estrenada a nivel mundial en el DOK.fest de Múnich.
El largometraje debe su forma tanto a la directora como al protagonista. La primera escena es un primer plano de la boca de un extravagante hombre bigotudo en el escenario de un club de Nueva York que pregunta: “¿Preferís correros en la boca o en el culo?”, y procede a burlarse de la directora, que está presente en la habitación, al decir que es demasiado conservadora para poner la escena en la película. Este momento ira adquiriendo más importancia a medida que avanza la película.
El hombre que aparece sobre el escenario es Ivo Dimchev, un artista, bailarín, músico y activista búlgaro. Es una persona sin vergüenza, transgresiva y provocativa, que habla abiertamente sobre su homosexualidad y su diagnóstico de VIH. Sus actuaciones, de carácter político y sexual pero también absurdamente graciosas (a veces incluso sangrientas), han dado que hablar en medios de comunicación internacionales como The Guardian, The New York Times y The New Yorker.
Sin embargo, en un momento de su vida decidió centrarse más en la música y resultó ser un músico con mucho talento. Sus canciones son al mismo tiempo malas e intelectuales, sexuales y filosóficas, con cierta influencia de Elvis combinada con un trémolo que toma prestado de Anohni (anteriormente Antony and the Johnsons) y un dulce falsete. No viste como se espera de un “artista gay transgresivo”, sino que mezcla el gusto de Europa del Este por la ropa deportiva de colores llamativos con pelucas, maquillaje, perlas, diamantes y oro. De sus tatuajes, al menos un par de ellos han sido dibujados con rotulador permanente.
En 2020, a pesar de ser inmunodeprimido, empezó a hacer conciertos privados en casa, tras los cuales realizaba entrevistas con los anfitriones: “¿Michael Jackson o los Beatles? ¿Es más heroico morir de COVID o en la guerra? ¿Preferirías estar en el infierno con Jesús o en el cielo con Trump?”. Pronto empezaría a decir que Bulgaria se le había quedado pequeña y que está demasiado atrasada para él, así que se va a Estados Unidos, donde continúa haciendo conciertos y termina viviendo con su hermana en Florida. En un momento del documental, podemos verle en casa de uno de los productores de Beyoncé y Shakira, quien no aparece en los créditos. No hay ninguna explicación para esto, pero es menos interesante que la manera en la que se apodera de la película y la directora decide permitírselo.
En un intento de acercarse a su vida privada, Nikolova trata de hacerle hablar sobre la relación que tiene con sus padres, que él califica de irrelevante. Aunque dice que su padre solía pegarle, él cree que todo niño que es diferente o tiene una faceta artística ha sido traumatizado por sus padres, algo con lo que no se puede estar en desacuerdo realmente. Esto es algo sobre lo que deben reflexionar los directores de documentales y la industria en general, incitándoles a reconsiderar las expectativas del público y los mecanismos establecidos para el desarrollo, la financiación y la distribución.
Al final, Nikola consigue lo que buscaba desde el principio gracias a los padres de Ivo, que resultan ser algunas de las escenas más conmovedoras. Sin embargo, la película sigue siendo propiedad de Ivo, una experiencia poderosa para que el espectador conozca a un protagonista seguro de sí mismo y que, a la vez, no teme a mostrar su vulnerabilidad.
In Hell with Ivo es una coproducción de la compañía estadounidense Lunaclips Media y la compañía búlgara Magic Shop.
(Traducción del inglés por Selena Navarro Haro)
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