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VENECIA 2025 Orizzonti

Crítica: Extraño río (Estrany riu)

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- VENECIA 2025: El debut de Jaume Claret Muxart es un hermoso y sensible viaje físico y mental hacia el descubrimiento del deseo sexual y los primeros coletazos de individualidad, o sea, de libertad

Crítica: Extraño río (Estrany riu)
Francesco Wenz y Jan Monter en Extraño río (Estrany riu)

Hay películas que, poco a poco, fotograma a fotograma, van seduciendo al espectador, le llevan a un universo único pero reconocible y le acaban subyugando de tal manera que su recuerdo queda impregnado en su memoria durante semanas, incluso meses. Extraño río (Estrany riu), primer largometraje dirigido por Jaume Claret Muxart, es uno de ellos: ya lo está comprobando el público del 82.º Festival de Venecia, en cuya sección Orizzonti se ha estrenado mundialmente, como lo hará luego el español, pues se estrena en cines del país el 3 de octubre de la mano de Elastica y Linde Films.

Y será ese momento, el comienzo del otoño, un momento excelente para rememorar el verano que ya pasó o los muchos que alegraron nuestra infancia y juventud. El estío amable y placentero, con sus sonidos armoniosos, su pegajosa calidez capaz de mutar en explosiva tormenta o esa presencia constante del agua, ese bendito elemento que nos salva de los excesos del calor. En esta época del año, intensa en acontecimientos, pero a la vez que parece varada en el tiempo, donde casi todo es posible, transcurre la acción de este largometraje rodado en un orgánico, alegre, colorista y cercano 16 mm con una sensibilidad extrema y un halo poético sutil.

Su argumento es sencillo, pero en él hay espacio de sobra para la empatía y la ensoñación: Dídac (personaje encarnado por un magnético descubrimiento, Jan Monter), de dieciséis años, viaja en bicicleta por las orillas del Danubio con su familia, integrada por una madre actriz que prepara un papel/proyecto (Nausicaa Bonnín), un padre arquitecto que les obliga a visitar edificios en su periplo (Jordi Oriol) y sus dos hermanos pequeños. Pero un encuentro inesperado cambia el rumbo de su viaje: un misterioso chico aparece entre las aguas del río. Su presencia enigmática no solo despierta algo nuevo en el protagonista, sino que empieza a alterar la relación con su propia familia.

Si las bicicletas, como decía Fernando Fernán Gómez en el título de su obra maestra, son para el verano, aquí también los encuentros fortuitos y la el advenimiento de la sexualidad cobran protagonismo en los meses de más horas diurnas, como sucedía en Call Me by Your Name [+lee también:
tráiler
Q&A: Luca Guadagnino
ficha de la película
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. Figuras escurridizas que desatan fogonazos de deseo, persecuciones instintivas y una nueva manera de mirar al mundo alimentan el misterio de esta película que también muestra cómo la hermanad se construye a base de abrazos y peleas, de miradas furtivas y de rendida admiración.

Este film –que rebosa verdad pues está narrado desde la propia vivencia, con el corazón de su autor abierto en canal– habla de todo esto y de más: cada persona la llenará con sus recuerdos familiares y vacacionales, de los sinsabores y dulzuras de la pubertad y, como al final de la cinta, con sus canciones melódicas favoritas, sean estas francesas, italianas o españolas.

Extraño río (Estrany riu) es una coproducción de las compañías españolas ZuZú CinemaMiramemira junto a la alemana Schuldenberg Films. De sus ventas internacionales se ocupa Films Boutique.

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