PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia / Bélgica
Crítica: El síndrome Rembrandt
por Fabien Lemercier
- Pierre Schoeller ofrece una cautivadora película sobre una investigadora nuclear agitada por un misterioso y poderoso cambio en su forma de pensar relacionado con la crisis climática

“La persona que eres, la persona en la que te conviertes, la persona que eliges ser”. Es en una trayectoria individual, como atrapada por el amanecer de un nuevo día en un mundo contemporáneo cuyo futuro está cargado de turbulencias imprevisibles, donde decide sumergirse Pierre Schoeller con el apasionante, intrigante e inteligente El síndrome Rembrandt [+lee también:
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ficha de la película], estrenado en los cines franceses el 24 de septiembre de la mano de Zinc. Se trata de una película polifacética y de gran profundidad, que sigue con determinación la línea comprometida y centrada en el ciudadano tan querida por el director (Versailles [+lee también:
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ficha de la película]), y que gira en torno a una protagonista al estilo de Juana de Arco, una denunciante que también navega sigilosamente por aguas mucho más etéreas en lo que respecta a las percepciones de lo visible y lo invisible, y todo ello sin dejar de encarnarse en una historia de amor profundamente humana.
“Algo no va bien… hay alguien más”. Yves (Romain Duris) y Claire (Camille Cottin), ambos de unos cuarenta años, viven en perfecta armonía desde hace más de 25 años, tanto en su vida privada (tienen una hija de unos veinte años interpretada por Celeste Brunnquell) como profesional (son ingenieros en la industria nuclear). Pero un extraño suceso tiene lugar cuando visitan la sala 22 de la National Gallery de Londres (durante un desplazamiento a la central en construcción de Hinkley Point): Claire entra en una especie de trance místico al contemplar tres cuadros de Rembrandt (Anciano sentado en un sillón, Autorretrato a los 63 años y Retrato de Hendrickje Stoffels), en los que cree detectar un crimen. Este hecho constituye un episodio totalmente desconcertante e inquietante para Yves, sobre todo porque Claire suele ser una persona “seria, precisa, sólida”. Estas cualidades las demuestra en su trabajo como investigadora en el Comisariado de la Energía Atómica, donde se embarca en una investigación clandestina sobre el impacto potencial en el parque nuclear francés (de cara a 2029, 2060 y 2100) de los “extremos de los extremos”, fenómenos climáticos estadísticamente improbables (pero posibles, como las olas gigantes o la cúpula de calor de 51°C en Lytton, Canadá, en 2021). Pero comunicar los resultados de sus investigaciones tendrá consecuencias y la vida de Claire tomará un nuevo rumbo…
El síndrome Rembrandt, que se revela como una cinta apasionante y notablemente documentada, es una obra áspera, que no se entrega fácilmente al espectador, sino que lo descoloca con frecuencia, apelando tanto a la dimensión extrasensorial individual como a la conciencia colectiva de la crisis climática y energética actualmente en una fase avanzada de gestación. La película, que coquetea con lo fantástico (con una referencia directa a Stanley Kubrick) y carga todo su peso en una contundente Camille Cottin (sutilmente flanqueada por Romain Duris), está además puesta en escena a las mil maravillas en una atmósfera de claroscuro (con Nicolas Loir al frente de la fotografía). El hecho de que sea ligeramente moralizante y sostenga un espejo sin adornos ante la civilización resultará sin duda molesto para algunas personas, que prefieren vivir en la negación, la corrupción o el optimismo ciego, pero para otras, como Claire, que no son capaces de “conformarse con una vida a medias”, será como una «”uz que ya no se desvanece en la noche, cuando estamos solos y cerramos los ojos”.
El síndrome Rembrandt ha sido producida por Trésor Films y coproducida por France 3 Cinéma, Les Productions du Trésor y la belga Artemis Productions. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Playtime.
(Traducción del francés)
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