Crítica: Wolves
por Olivia Popp
- En el primer largometraje de Jonas Ulrich, una joven busca su identidad en la escena del black metal, enamorándose de un cantante con opiniones de ultraderecha que decide no ver

A veces, los exteriores más bellos esconden cosas horribles y hace falta indagar para descubrir su verdadera naturaleza. Esto se refleja a la perfección en Wolves [+lee también:
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ficha de la película], el debut del zuriqués Jonas Ulrich. Él mismo ha sido quien ha escrito, dirigido y montado el largometraje; un oportuno recordatorio de que debemos buscar pistas y ver más allá de lo que se nos muestra, o, quizás, más allá de nuestro amor y pasión por alguien o algo. Wolves, con una mitad hablada en alemán de Suiza y la otra en inglés, se ha estrenado a nivel mundial en la competición de largometrajes del Festival de Zúrich de este año, en el que también actuó en directo la banda de la película.
Luana (Selma Kopp), de veintitantos años, busca su identidad actuando como una pseudo-grupi de la banda de black metal de su primo Domi (Fabian Künzli), llamada “WLVS”, mientras ignora su trabajo en una guardería y a su padre en cuidados paliativos. La protagonista queda prendada de inmediato por el nuevo cantante de pelo largo Wiktor (el actor polaco Bartosz Bielenia), que tiene una presencia en el escenario distante e imponente y una voz gutural característica del género musical. Mientras que los miembros de la banda se percatan de la aparente afinidad de Wiktor con partidarios de la ideología fascista, Luana está demasiado absorta en su amor por él y la relación que florece entre ellos para darse cuenta. “No creo que seas peor que nadie”, le dice ella.
Ulrich nos da una interesante pequeña lección de black metal al explorar la inclinación de Wiktor por el subgénero nacionalsocialista —también conocido como black metal nazi—, un género que surgió en la década de los 90. Este subgénero se caracteriza por promover la ideología fascista a través de simbolismo neonazi en su identidad musical y visual, a menudo apropiándose de motivos paganos, desde la perspectiva de que el black metal es inherentemente anárquico. Pero para que quede claro: solo una pequeña parte de fanáticos son afines a esta subcultura, algo en lo que insiste la banda. El público sin duda conseguirá apreciar mejor lo que el metal tiene para ofrecer, a pesar de su dura apariencia.
Sin embargo, pese a todas las promesas que ofrece la fascinante idea de Wolves, es difícil determinar lo que Luana ve en Wiktor en esta historia sobre una mujer joven que no es capaz de ver la verdad; él, en el mejor de los casos, se muestra indiferente y parece poco interesado en ella. Básicamente, su relación se reduce a un par de momentos cursis que intentan pasar por una conexión convincente en pantalla, que es lo que parece que le falta a la película. A pesar de todo, hay que aplaudir al director de fotografía Tobias Kubli, que pasa del mundo pulido y blanco de la vida cotidiana de Luana al mundo intenso y oscuro, pero mágico a la vez, de la escena metalera. Kubli y Ulrich combinan los exuberantes e idílicos paisajes suizos, a veces nevados, con la cruda realidad de los temas que trata la película, mostrándonos que a veces el odio puede prosperar bajo una apariencia preciosa.
Wolves es una producción suiza de Dynamic Frame GmbH, compañía de Zúrich. The Yellow Affair gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del inglés por Selena Navarro Haro)
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