Crítica: Mr Burton
por David Katz
- El cautivador drama de Marc Evans sobre cómo el hijo de un minero de Gales llamado Richie Jenkins se convirtió en el gran actor Richard Burton, con la ayuda de su profesor secretamente homosexual

Alcanzando el cénit de su fama a mediados del siglo pasado, Richard Burton fue uno de los primeros en su profesión cuya destreza interpretativa estuvo a la altura de su estatus de celebridad. Tanto por sus imponentes papeles en teatro y cine como por sus tormentosos matrimonios con Elizabeth Taylor, Burton aparecía de forma desproporcionada en la esfera pública, anticipando la manera en que hoy gestionan su vida las grandes estrellas. Mr Burton, la nueva película de Marc Evans, estrenada en el Reino Unido a principios de este año y presentada a competición en el Festival de Cine Británico e Irlandés de Dinard, ofrece una explicación convincente del origen de esa fama, volviendo a las raíces de Burton en el Gales de tiempos de guerra y preguntándose hasta qué punto su imagen de Hollywood fue una construcción o algo auténticamente innato.
El verdadero “Mr. Burton” durante gran parte de la película es el personaje de Toby Jones, Philip Burton, profesor de Inglés y Arte Dramático en Port Talbot del que acabaría convirtiéndose en estrella, y más tarde su mentor teatral, referente y padre adoptivo. El guion de Tom Bullough y Josh Hyams es fiel al efecto transformador que el Burton mayor tuvo sobre el joven (cuando era conocido como Richie Jenkins), pero lo convierte en una figura más trágica, ya entrada en años, con sus ambiciones como dramaturgo y actor frustradas y con su sexualidad profundamente reprimida. Harry Lawtey interpreta a un convincente Richie, al que primero retrata como un espíritu incorrupto, antes de que asomen destellos de su seguridad sexual y de su célebre pulsión autodestructiva.
Evans logra un acierto tonal: la separación de Richie de su familia (vive con su hermana y el marido de esta, un minero, mientras que su padre biológico es un alcohólico inestable) se percibe como un paso positivo y pertinente en su desarrollo. Sin embargo, la única esperanza de que sus ambiciones interpretativas se cumplan pasa por extirpar todo elemento de su origen obrero y regional. Los actores británicos de una generación posterior a la de Burton, ya sea por las costumbres sociales de los años sesenta o por la influencia del Método, pudieron ser más fieles a sus orígenes. Por su propia buena fe, y sin un motivo sexual (así lo asume con prudencia el guion), el trabajo de moldeado y formación de Philip, al más puro estilo Pygmalion, prepara a Richie para los escenarios de la Royal Shakespeare Company, donde el actor recurre a sus servicios antes de actuar en Enrique IV, Segunda Parte al inicio de su carrera.
Además del premio al mejor actor para Lawtey, la película también se alzó con el premio del público, lo que habla tanto de su facilidad para conectar con el espectador como de la familiaridad inofensiva de su enfoque de cine patrimonial. Aunque la historia profundiza en la complejidad y los detalles del aprendizaje artístico de Burton, sigue siendo hagiográfica: imprime la leyenda en lugar de deconstruirla. De hecho, para los espectadores más jóvenes que no conocen la obra de Burton, un enfoque más audaz o autorreflexivo podría haber sido una forma más estimulante de conmemorar su carrera (quizá una variación a lo Holy Motors o al estilo de Todd Haynes, mostrando cómo el joven airado de Mirando hacia atrás con ira muta en Marco Antonio en el megafracaso Cleopatra, y luego en sus papeles tardíos en 1984 y El Exorcista II: El hereje. Mr Burton no perdura en la memoria del espectador, pero durante su metraje nos hace pensar en nuestra incesante fascinación por los grandes actores, como modelos a seguir y también como advertencias.
Mr Burton es una coproducción entre Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, producida por Severn Screen en colaboración con Promise Pictures y Brookstreet Pictures. Independent Entertainment se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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