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NAMUR 2025

Crítica: Cap Farewell

por 

- La cineasta belga Vanja d’Alcantara firma un drama familiar con toques de cine negro sobre el tema de la emancipación femenina

Crítica: Cap Farewell
Matteo Simoni, Aelis Mottart y Noée Abita en Cap Farewell

Tras el reconocimiento obtenido con su debut cinematográfico, Beyond the Steppes (competición oficial de Locarno), que contaba la historia de una mujer deportada a los confines de Siberia en plena Segunda Guerra Mundial, así como los elogios que recibió por Le Cœur régulier, que giraba en torno a una hermana que partía en busca de su hermano huido a Japón, la cineasta belga Vanja d'Alcantara está de vuelta ahora no con una historia de partida, sino con una de regreso. Cap Farewell [+lee también:
entrevista: Vanja d’Alcantara
ficha de la película
]
, que se ha estrenado a nivel mundial en el Festival Internacional de Cine Francófono de Namur, sigue la trayectoria emancipadora de una joven que busca su lugar en la genealogía de su familia, entre su madre y su hija.

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Toni (Noée Abita), que acaba de cumplir veinte años, sale de prisión, donde pronto comprendemos que acabó más por lealtad que por culpabilidad. A la hora de reencontrarse con su hija pequeña, Anna (Aelis Miottart), criada por su abuela Betty (Pascale Buissières), comienza a cuestionarse su papel y su lugar, tanto en la familia como en la sociedad. Consigue un trabajo en el restaurante de su tío Frank (Olivier Gourmet), cuya integridad deja mucho que desear, pero le cuesta reconectar tanto con su hija como con su madre, que se siente desposeída por este regreso al hogar que le arrebata a su nieta. Y luego está la cuestión del amor, que, al igual que la cárcel, persigue a Toni sin descanso. Cuando su gran amor y compañero de fechorías Max (Matteo Simoni) vuelve a aparecer en escena, pierde de vista el camino que se había trazado. La protagonista, dividida entre sus aspiraciones como hija, madre y mujer, camina por la cuerda floja con el riesgo constante de que su vida vuelva a dar un vuelco.

¿Se puede huir del pasado? ¿Es posible resurgir de las cenizas? Y, sobre todo, ¿cómo se puede hacer para rehacer la vida después de la prisión, cuando la privación de libertad implica también la privación de herramientas para crecer? Toni, que ingresó en prisión cuando apenas era una adolescente, sale con la misma rabia, el mismo ímpetu y, seguramente, la misma inconsciencia. Presa de patrones destructivos, corre el riesgo de repetir los mismos errores. Vanja d’Alcantara recurre a los códigos del cine negro —con delincuentes y golpes sucios— para plantear la idea de un destino trágico, que finalmente se ve contrarrestado por los lazos que ella forja entre tres generaciones de mujeres que se enfrentan entre sí para apoyarse mejor unas a otras.

Noée Abita compone una Toni aún anclada en una actitud adolescente, movida por una energía rebelde que necesita canalizar para encontrar su camino, asumiendo la inmadurez de un personaje cuyas motivaciones resultan a menudo incómodas. Si la representación del entorno criminal en el que se mueve no escapa a los estereotipos, al igual que la historia de amor que se va desarrollando progresivamente, la relación áspera entre madre e hija —contrapesada por la mirada de la niña— ofrece una visión plural de la maternidad.

Cap Farewell es una producción de Iota Production (Bélgica), coproducida por ACPAV (Canadá) y Volya Films (Países Bajos).

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(Traducción del francés)

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