Crítica: La vita va così
por Vittoria Scarpa
- La comedia de Riccardo Milani narra la verdadera historia de un pastor sardo que se enfrenta a un promotor inmobiliario sin piedad, recordándonos que el dinero no lo puede comprar todo

Por un lado, una playa de arena blanca con aguas cristalinas y vacas pastando en las dunas. Por otro, una sala de reuniones con vistas al Duomo en una Milán invadida por el cemento. Por un lado, un promotor inmobiliario sin escrúpulos que quiere construir un complejo turístico de lujo en un tramo de costa virgen de Cerdeña; por otro, un pastor que no está dispuesto a vender las tierras de su familia para dejar espacio a las excavadoras, ni siquiera por todo el oro del mundo. Esta es la doble vía en torno a la que se mueve La vita va così, la nueva película de Riccardo Milani (autor del éxito de taquilla Como pez fuera del agua [+lee también:
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ficha de la película]), que ha sido elegida como película inaugural —fuera de competición— de la 20.ª Fiesta del Cine de Roma, antes de llegar a los cines italianos el 23 de octubre de la mano de Medusa Film y PiperFilm. Se trata de una comedia social ambientada en un contexto difícil, que nos recuerda que el dinero no lo puede comprar todo y que explora la identidad, la dignidad y la protección del medio ambiente.
La vita va così, inspirada en una historia real y con guion del director junto con Michele Astori (en su tercera colaboración con Milani tras Grazie ragazzi [+lee también:
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ficha de la película] y Un mondo a parte [+lee también:
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ficha de la película]), arranca a principios del nuevo milenio, cuando Giacomo (Diego Abatantuono), presidente de un poderoso grupo inmobiliario milanés, anuncia a sus socios que ha puesto sus ojos en una paradisíaca playa del sur de Cerdeña para construir allí un bonito complejo turístico de cinco estrellas. Giacomo, que se muestra convencido de que el proyecto atraerá turistas, trabajo y dinero para todos a ese tramo de costa, cree que convencer al último pastor que queda para que ceda su tierra —todos sus vecinos ya han vendido la suya— será pan comido. “Efisio Mulas no será nunca un problema”, le confirma uno de sus colaboradores. La cifra que le ofrecen es considerable, puesto que se habla de cientos de miles de euros. Pero incluso cuando, tras años de negociaciones, la oferta alcanza varios millones, la respuesta de Efisio (interpretado por el auténtico pastor sardo Giuseppe Ignazio Loi, de 84 años) sigue siendo la misma: “No, esta es mi casa, y no la pienso vender.”
Para intentar hacerle cambiar de opinión están el jefe de obra Mariano (Aldo Baglio), enviado al lugar para negociar con Efisio, y las súplicas de toda la comunidad local, que se pone en fila delante de la puerta del viejo pastor (uno de los momentos más divertidos de la película) para pedirle que lo reconsidere: en un pueblo donde no hay trabajo, el complejo turístico podría cambiar la vida de todos. Junto a Efisio, su hija Francesca (Virginia Raffaele, ya protagonista de Un mondo a parte, aquí lidiando con el dialecto sardo), se debate entre la perspectiva de un futuro más próspero y el apego a su tierra.
La vita va così es la historia de un pastor sardo contra todos, pero también de una comunidad fracturada, dividida entre la necesidad de trabajo y la protección del territorio, y en la que unos se enfrentan a otros, tristemente. El Estado está ausente, los administradores locales se doblegan fácilmente y la justicia está encarnada por una jueza (Geppi Cucciari, presente solo para una rápida pero significativa participación) que, nacida y criada en esos lugares, hace lo correcto. Sin embargo, en sus casi dos horas de duración, la película tiende a volverse repetitiva, la trama se desarrolla a lo largo de diez años, pero los personajes y los escenarios siguen siendo prácticamente idénticos, y la búsqueda del efecto cómico (véase Baglio) a veces desentona con el contexto. Todo ello acaba por constituir una serie de defectos quizá algo banales que no cabría esperar de un director de la talla de Milani, aquí en su decimosexto largometraje.
La vita va così es una producción de Ourfilms y Wildside en asociación con PiperFilm y Medusa Film. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de PiperPlay.
(Traducción del italiano)
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