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DOCLISBOA 2025

Crítica: Afterlives

por 

- En su primer largometraje, el crítico y académico Kevin B. Lee explora sus amplios e innovadores estudios propios de los vídeos de propaganda del Estado Islámico

Crítica: Afterlives

Afterlives, del pionero del videoensayo Kevin B. Lee, combina con maestría numerosas fuentes primarias y secundarias, estrategias visuales experimentales y aplazamientos narrativos en torno al tema de la propaganda del ISIS, pero en lugar de provocar una respuesta intelectual ordenada, su impacto resulta más visceral y directamente emocional. Es una sensación de malestar similar al mareo generada por las inquietantes imágenes que se relatan en la película —pero que nunca se llegan a mostrar—, y, a través de su esquema visual principal de proliferantes ventanas de la interfaz de MacOS, nos recuerda al ligero dolor de cabeza que nos produce ver una imagen estereográfica —o imagen de “ojo mágico”—. Si bien el director, cuyo singular cargo profesional es el de profesor del Festival de Locarno para el futuro del cine y las artes audiovisuales en la USI Lugano, no es del todo concluyente sobre su “espinoso” tema de investigación, resulta fascinante dejarse llevar por sus patrones de pensamiento. La película se ha estrenado a nivel mundial en Doclisboa, seguida de una presentación especial en el Festival BFI de Londres.

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Con cierto orgullo en los primeros minutos, Lee (estadounidense, pero residente desde hace años en Europa) se define a sí mismo como antiguo crítico de cine, y es precisamente esa prerrogativa —la del escrutinio minucioso de las imágenes en movimiento— la que le llevó a aterrizar en el mundo de la crítica videográfica, que popularizó él mismo en la década de 2010, antes de desembocar en esta especialización investigadora aún más densa sobre la propaganda extremista. Las exigencias de un largometraje concebido para su exhibición en salas de cine le obligan a dejar de apoyarse en grabaciones de pantalla de ordenador y a intercambiar ideas de forma productiva con otros tres colegas de su campo, que aparecen en pantalla hablando o en planos a dos con Lee, como si se tratara de un documental —ligeramente— más ortodoxo. Este trío de colegas lo conforman la artista multimedia y de instalaciones Morehshin Allahyari, cuya reconstrucción impresa en 3D de una cabeza de Medusa, destruida en 2016 por combatientes del ISIS, es uno de los elementos clave de la película; y las investigadoras contra el extremismo Nava Zarabian y Anne Speckhard, cuyos métodos, respectivamente cauteloso y más directo, se presentan como contrastes reveladores.

Pero antes de presentar a estos participantes, Lee se graba a sí mismo mirando con horror el famoso vídeo de ISIS de 2014 Flames of War, narrado por Mohammed Khalifa, al que llaman “la voz inglesa de ISIS”. Con toda su perspicacia analítica, se ve impulsado a elaborar un sólido análisis semiótico de sus estrategias visuales —su “pragmática”, junto con su semántica, por decirlo en términos académicos—. El registro de descripciones de imágenes individuales y códigos de tiempo, familiar para el innovador estudioso del cine David Bordwell, no aporta mucha información en esta etapa, pero esta fascinación inicial se acentúa con todo lo que aprende de Allahyari, Zarabian y Speckhard.

En pocas palabras, la reaparición y recirculación de diversos datos audiovisuales de este campo no hacen sino ofrecer nuevos vectores intelectuales que él mismo puede contemplar, ya sean directamente explícitos, como los vídeos que provocan las pesadillas de Zarabian, o las entrevistas a posteriori de Speckhard con exmilitantes que condenan sus propias acciones; o los rastreos históricos de Allahyari. Parafraseando a Lee, logra “trabajar a distancia, encontrando así otra forma de preocuparse, desenterrando esos crímenes para, por fin, poder comprenderlos”. Se reconoce con claridad la naturaleza problemática de que estos investigadores —en especial el director y Speckhard, que no son musulmanes— impongan su juicio y contribuyan a difundir nuevas representaciones negativas, y parte del público se preguntará qué resultados concretos se obtienen realmente. Con todo, se trata de un ejemplo poco habitual de investigación académica en estado puro que trasciende el aula y el seminario, con abundantes dosis de una inquietante poesía formal.

Afterlives es una producción de Alemania, Francia y Bélgica, puesta en escena por pong film en coproducción con Naoko y Pivonka. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Odd Slice Films.

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(Traducción del inglés)

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