Crítica: Film di Stato
por Camillo De Marco
- El documental de Roland Sejko explora la máquina propagandística usada por Enver Hoxha en Albania, que no está lejos de las actuales estrategias trumpistas

Mujeres y niños llorando, junto a hombres con los puños apretados, forman una cola interminable, turnándose para acercarse a una tumba y tocarla con visible emoción. Estamos en 1985, en Tirana, y este sobrio mausoleo de mármol pertenece a Enver Hoxha, que fue el dictador comunista más longevo del mundo. Así arranca A State Film, de Roland Sejko, estrenada mundialmente en la sección Notti Veneziane de las Giornate degli Autori 2025 en Venecia, y que ahora se proyecta en la competición Opus Bonum del Festival de Ji.hlava. La película recorre los 40 años en los que Hoxha gobernó Albania con un régimen brutal y aislacionista.
Orgulloso ganador de un David de Donatello y un Nastro d'Argento por sus documentales, caracterizados por la reutilización creativa de material de archivo, Roland Sejko trabaja actualmente como director de montaje en el Archivio Storico Luce. A State Film examina la maquinaria propagandística que fue una pieza clave en la trayectoria de la dictadura albanesa, utilizando exclusivamente material de archivo que en muchos casos nunca se había difundido, incluidas cintas oficiales de propaganda y metrajes realizados con fondos restringidos o privados de la nomenklatura, procedentes del Central State Film Archive de Albania y del fondo del comité central del Partido Comunista.
Conservando el audio original y realzando las crepitaciones y los crujidos (el diseño de sonido es obra de Paolo Amici), el documental nos muestra desfiles de obreros y obreras, campesinos sonrientes sobre un telón de fondo de banderas rojas, los rostros de Stalin y Hoxha, y lemas como “La primera trilla va al Estado”. Es el momento en que el régimen se alinea más estrechamente con los soviéticos: vemos a Hoxha visitar el mausoleo de Lenin y observar a jóvenes rusos participar en exigentes ejercicios gimnásticos en compañía de Stalin, el hombre que deportó a millones de disidentes a los gulags. De vuelta a casa, Hoxha erige nuevas estatuas, pronuncia discursos ante multitudes ingentes, incluso con motivo de la muerte de Stalin, un “padre y maestro querido”. Jura defender su país “contra los belicistas imperialistas y sus servidores”; firma un tratado con el nuevo líder del Kremlin, Nikita Jrushchov, que más tarde se convertirá en blanco de sus dardos (por “revisionista y traidor a los principios marxista-leninistas”).
Tras la ruptura con Rusia, el régimen se alía con la China de Mao Zedong, que aporta ayuda financiera y respaldo a Albania, que ahora se ha convertido en una fortaleza ideológica blindada, sumida en una espiral de paranoia que arrastra trágicamente consigo a todo un pueblo. La construcción de miles de búnkeres choca con la coreografía de vivos colores de las maniobras militares y con las celebraciones del 1 de mayo, que rivalizan con los musicales estadounidenses. El culto a la personalidad del régimen es omnipresente y el carácter orwelliano de su aparato de control de la población domina cada momento de la vida de la gente, como una suerte de Gran Hermano diabólico.
A State Film es documental en estado puro, desprovisto de cualquier comentario histórico, voz en off o rótulos. La narración de la película se apoya por completo en el montaje (a cargo de Luca Onorati) y, en consecuencia, requiere cierto grado de familiaridad del público con la historia en cuestión para apreciar el desmantelamiento de estos mecanismos de propaganda ideológica y sus consecuencias. La magnitud de esta pesadilla, que duró medio siglo, se resume en una breve secuencia en la que se lee a un Hoxha indiferente un informe sobre el estado de la economía (que detalla la escasez de bienes y las largas colas en las tiendas). Sin embargo, nada de eso puede transmitir lo que más tarde revelaron todos aquellos encarcelados por los servicios secretos más temidos de Europa del Este, donde la implacable maquinaria policial trituró tanto a ciudadanos de a pie como a miembros de la nomenklatura. Gracias al uso que hace el director de imágenes que transmiten mensajes falsos e imponen una visión uniforme del mundo, A State Film nos permite trazar con facilidad paralelismos con la política posideológica que vemos hoy en día y con el enfoque trumpiano de comunicación constante y agresiva.
A State Film es una producción de Luce Cinecittà, que también gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del italiano)
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